domingo, 11 de marzo de 2012

Cap. 8: Huída.

Me desperté con una resaca de mil demonios. Conseguí levantarme y vi que estaba en el mismo sofá donde me senté anoche, con la curiosa pareja inconsciente sentada delante. Menuda escena; no me costaba imaginarme durmiendo exactamente igual que ellos, momentos antes.
Me tambaleé por la casa, hasta que encontré un baño. Me miré al espejo y vi que aún seguía con la plasta de vinagre en el cuello. Ya no me dolía lo más mínimo. Por lo demás, estaba despeinada, sucia y ojerosa. Me di cuenta que desde la pelea con el zombie aún no me había limpiado sus trozos de piel de las manos y cuello. Me lavé la cara, asqueada. Viendo que no era suficiente, me duché con rapidez, deseando que Liam hubiera salido o estuviera durmiendo aún.
Cuando salí de la ducha, obervé mi pila de ropa maloliente a zombie y suspiré. Me puse un suave albornoz de seda que debía de pertenecer a la mujer de la casa y me aventuré por el pasillo.
Me encontraba un poco mejor. Tenía la cabeza más despejada, y ya no me sentía sucia e infectada. La cabeza me daba vueltas, pero eso era por la cantidad de Vodka ingerido anoche.
No era la primera vez que me emborrachaba, ni tampoco la peor, de modo que no le presté atención. Fui buscando por las habitaciones hasta que encontré una con un armario enorme lleno de ropa de mujer. No era mi estilo, pero no me podía permitir ser exquisita.
Por la cantidad inmensa de ropa, imaginé que la dueña dedicaba mucho tiempo a su vestuario. Decidí no coger nada de ahí, por si se daba cuenta de que le habían desaparecido algunas prendas. Me puse a rebuscar en el fondo del armario, donde había unas cajas de ropa, cerradas y con etiquetas. 'JAMIE 3-5', 'LOUISE 15', 'HENRY 6-12 MESES'... Parecían ropas clasificadas por edades. Abrí la de Louise y encontré unos vaqueros pitillo negros más o menos de mi talla, y una camiseta ancha y cómoda dorado desteñido. También me cogí ropa interior, porque dudaba que fuera a poder cambiarme en bastante tiempo.
Me fui al baño con todo ello y me cambié. Estaba bastante cómoda, además la dueña no se daría cuenta de que faltaba hasta que abriera las cajas, esperaba que dentro de bastante tiempo. Si es que no pensaba que se habían extraviado mientras la ordenaba.
Una vez vestida, me puse los calcetines de Louise y mis propias Converse negras, e hice un rollo con mi anterior ropa, dispuesta a tirarla cuanto antes. Dejé el albornoz donde estaba, esperando que no se notase. Luego, busqué en los cajones hasta hallar un cepillo aceptable y me concentré en desenmarañar mi pelo. Lo malo de tenerlo rizado y largo era que se enredaba muy fácilmente. Estuve un rato intentando peinarlo, pero al final me rendí y me hice una coleta alta.
Salí del baño, busqué una bolsa de plástico y metí dentro mi ropa. La puse al lado de la puerta, para no olvidarme.
Cuando fui a la cocina, empecé a preocuparme. ¿Dónde estaba Liam? No era posible que se hubiera ido, ¿verdad? No me podía haber dejado allí con la pareja inconsciente que podría despertarse en cualquier momento. Además, si me había secuestrado, ¿qué demonios hacía marchándose y dejándome sola?
Pensé en escapar, pero al asomarme a la ventana, desistí. ¿Dónde demonios estaba? No se parecía en nada a mi comunidad. A mi país, a decir verdad. ¿Era posible...? No, no podía haber dormido tanto como para no darme cuenta de que salíamos del país.
Cuando abrí la nevera, me di cuenta del tremendo hambre que tenía. Me cogí un yogur del fondo, y comí algo de sobras de aquí y allá, intentando que no se notara demasiado. Era vegetariana, y no había mucho que pudiera comer allí; la mayoría contenía carne o pescado.
Después, me corté una rebanada de pan y una de queso y me la comí, con hambre.
Alcancé a oír un gruñido desde el salón para saber que tenía que salir corriendo si no quería que me incriminasen por allanamiento de morada y agresión a los inquilinos. Volé hasta el pasillo, con mi rebanada de queso en la mano, y agarré la bolsa de ropa. Abrí la puerta con el mayor cuidado posible, mientras oía cómo una voz de mujer confundida decía:
-¿Arthur?
Cerré la puerta en silencio y me escabullí porche abajo con mi bolsa.
Una vez fuera, tenía que pensar qué hacer.
Me acerqué al coche, vigilando que Liam no se hubiese quedado allí a dormir. No, estaba vacío. Me pregunté vagamente dónde se habría metido aquel chico mientras probaba la puerta. No me lo podía creer, ¡estaba abierto!
Pensé rápidamente. Abrí la puerta de atrás y dejé allí la bolsa con mi ropa. Después, revisé la guantera hasta que hallé un mapa y mi móvil. Debía de habérmelo quitado mientras dormía.
El móvil estaba apagado y sin la tarjeta SIM, así que lo dejé allí. Pero el mapa indicaba que estábamos en una zona árida bastante lejana de mi ciudad, pero aún así en mi país.
Cerré las puertas y me encaminé hacia lo que creía que era el oeste. Era la dirección en donde se encontraba la ciudad más cercana. Apreté el paso, consciente de lo visible e indefensa que estaba allí, en medio de la tierra yerma amarilla y sin nada de vegetación ni piedras para esconderme. Solo yo, en medio de la nada.
Caminé varias horas, y a cada rato me alegraba de haber burlado a Liam y me maldecía por no haberme traído una botella de agua. A medida que el sol se alzaba en el horizonte, más calor hacía y más evidente se hacía mi borrachera del día anterior.
El algodón del cuello me daba mucho calor, de modo que me lo quité. Para mi sorpresa, estaba lleno de pus. Me toqué el cuello, pero no había nada fuera de lo normal. Me agaché, cavé un hoyo y enterré el algodón dentro.
Seguí caminando durante horas. Ya debían de ser las cuatro de la tarde, y estaba casi segura de que Liam estaría volviéndose loco buscándome. Empezaba a arrepentirme de haberme marchado. ¿Y si la veda de Alissa seguía abierta, y venían más zombies o seres sobrenaturales a por mí? Al menos, Liam me había tratado bien, para ser un secuestrador. No podía decir lo mismo del zombie.
Además, las tripas me rugían y estaba muy cansada. Tenía agujetas de haber peleado el día anterior con el zombie, y cada dos por tres me veía obligada a ponerme de cuclillas para recuperar el resuello.
Ojalá supiera quiénes me estaban persiguiendo y por qué. Además, Liam no había querido decirme a dónde me llevaba, lo cual había concitado mis sospechas desde el principio. ¿Tan malo era?
Lo que también me preocupaba era el motivo por el que me habían elegido a mí. No tenía nada que ver con sectas ni cosas raras. ¿Era porque descendía de alguien relacionado con ellas? ¿Simplemente buscaban una rubia de ojos color caramelo? No, Liam dijo que le habían encargado venir a por mí. Que daban una recompensa.
Todas estas preguntas hacían que me doliera la cabeza. Seguía caminando hacia delante, sin parar, deseando llegar ya a la civilización. Pero lo único que había conseguido en mi estúpida huída era perderme. Hacía mucho que había perdido de vista la casa y el coche, y aún no me había topado con la carretera que, según el mapa, había a medio camino entre mi posición inicial y la ciudad.
Debía de haber pasado una hora cuando empecé a tener ésa sensación de que te observan. Me volví, con el vello de la espalda erizado, pero no vi nada del otro mundo. Sólo un inacabable desierto.
Según seguía caminando, no podía evitar volver la cabeza, como tratando de pillar a mi observador, aunque sabía perfectamente que era imposible que alguien se pudiera esconder en aquella llanura sin fin.
Caminé un rato más, hasta que sentí su presencia a mi lado. Caminaba, como yo.
Evidentemente, era Liam. Lo supe desde que me sentí observada.
-Qué buen tiempo -comenté, mientras seguía caminando como si nada. Liam se limitaba a acomodar su paso al mío y a caminar a mi lado.
Asintió, como si fuera lo más normal del mundo.
-¿Cómo me has encontrado? -le dije, sin mirarle. Seguíamos caminando.
-Cuando volví a la casa, Arthur y Leslie estaban despiertos. Me vieron. Tuve que borrarles la memoria, lo que supuso una ventaja enorme para ti. Tardé bastante.
-Guay -Liam acababa de confesarme que no era humano, o al menos, que tenía poderes ocultos.
-Luego, vi que te habías llevado el mapa y me puse a rastrear la zona. No fue difícil encontrarte, después de deshacerme de los cuatro zombies que te acechaban.
Hubo un largo silencio, en el que tuve tiempo de ponerme histérica.
-¿Cuatro zombies? ¿Me estaban siguiendo todo el rato? -chillé, con la voz ronca. Me salió más bien como un gemido.
-Alissa -Liam me cogió por el brazo y me volvió hacia él. Por fin dejamos de caminar-. No sé si comprendes que alguien muy poderoso está tratando por todos los medios de secuestrarte o matarte. Quizá ambas. Ese alguien tiene a todos los siervos más espeluznantes dedicados a rastrearte y a encontrarte. ¡No puedes ir por ahí pensando que, como te has escapado de mí, estás a salvo!
Parecía hasta preocupado por mí.
-¿Y qué propones? ¿Que me deje llevar hasta tu secta extraña para que allí me torturen o lo que sea que se proponen? No, gracias. Prefiero intentarlo al menos.
-No tienes ni una posibilidad entre mil de conseguirlo.
-¿Quién eres?
-Soy un humano, si es lo que te preocupa.
-Pues no lo pareces.
Liam gruñó.
-Entra en el coche y hablaremos.
De pronto, fui consciente de que el coche negro estaba aparcado detrás de mí. Imposible que no lo hubiese oído llegar.
De mala gana, entré en el asiento de copiloto. No iba a volver a sentarme atrás, como los detenidos.
Él abrió la puerta del asiento del conductor y puso en marcha el motor.
-Vale. Vamos por partes. ¿Cómo haces eso de aparecer de repente sin que yo me de cuenta?
-Son trucos mentales sin importancia. Eres bastante ingenua... nunca había encontrado a alguien tan fácil de engañar.
-Vaya, muchas gracias. Entonces, ¿así es cómo no te he visto cuando me daba la vuelta?
-Exacto. Y también puedo obligarte a hacer cosas, o a sentir cosas, que no son reales.
-Como cuando me llevaste sin resistencia al coche.
Asintió.
-Vale. Segunda pregunta: ¿qué clase de ser eres? O sea, ¿de dónde sacas los poderes y tal si eres humano?
Suspiró, como si no le gustara ese tema.
-Soy humano. Pero un humano a medias porque... bueno, se podría decir que vendí mi alma al diablo hace mucho tiempo.
-¿Al diablo, diablo?
-En persona. Fui un estúpido, pero gracias a ello sigo vivo. Aunque tengo que cumplir sus órdenes.
-Es él quien te ha ordenado que me raptes. No es ninguna secta, es la realidad -susurré. Vale, era mucho peor de lo que me había imaginado. ¿El diablo en persona le había puesto precio a mi cabeza? Estaba perdida.
-¿Y a dónde coño habías ido esta mañana, si sabías que yo estaba en peligro?
-Pues averiguando cómo llegar a donde tengo que llevarte, que es...
-... el infierno -le interrumpí, adivinando-. Me vas a llevar al infierno.
-Y me lo estás poniendo muy difícil.

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