viernes, 23 de marzo de 2012

Cap. 13: Prisioneros

-Oh, no, Alissa, mírame. ¿Estás bien? Alissa, lo siento tanto... -Liam no paraba de disculparse una y otra vez, y yo clavaba los ojos en él, tratando de recordar cómo mover la boca para hablar-. No podía saber que ésto era una emboscada... Estás sangrando y no encuentro nada con qué curarte. Alissa, por favor, dime que estás bien.
Parpadeé, confusa. ¿Dónde había acabado? Mis últimos recuerdos giraban en torno a cierto vampiro sediento que se había abalanzado sobre mí para dejarme seca. Ahora, por lo que parecía, estaba en un lugar tranquilo, en brazos de Liam y con un dolor lacerante en el cuello y en la cabeza.
-Capullo. Me dejaste plantada -dije, dificultosamente, con una sonrisa a medias.
Él sonrió, con preocupación.
-Lo siento muchísimo. No me imagino lo que has debido de pasar ahí fuera... Yo... Bueno, pronto te lo explicaré todo. Tenemos mucho de qué hablar. Pero... primero déjame vendarte ésa herida.
Liam se arrancó la manga de la camiseta blanca que llevaba puesta y me la enrolló con cuidado alrededor del cuello. Cuando me tocó el lado derecho, donde me había mordido el vampiro, un latigazo de dolor me atravesó, y reprimí un grito.
-Lo siento.
-¿Voy a convertirme en una... de ellos, Liam? -le pregunté, asustada.
Él calló.
-Por favor, necesito saber la verdad. Es mi vida.
-No lo creo. No quiso matarte, así que espero que te haya dejado con la sangre suficiente como para que tu cuerpo se cure solo. Si no...
Asentí. Ya sabía lo que pasaría si no.
-No quiero ser un vampiro. Son asquerosos. Olía a muerto y a podrido.
-Lo sé, lo sé.
No me había dado cuenta, pero se me habían saltado las lágrimas. Liam me ayudó a incorporarme y me acogió en sus brazos. Sollozando, me aferré a él como si fuera mi salvavidas. Olía a madera húmeda, y a lluvia. Era un aroma delicioso.
Unos minutos después, conseguí soltarme lo suficiente como para mirarle a los ojos.
-Hablé con el demonio. No me quiso decir la entrada al infierno... pero ahora sé por qué te busca el diablo con tantas ganas. ¿Quieres saberlo?
-Por supuesto.
-Vale -echó hacia atrás la cabeza, dejando al descubierto su escultórico cuello a poca distancia de mi rostro. Sacudí la cabeza. Tenía que concentrarme-. Escucha, Alissa. Ya sé que ésto te sonará raro, pero no eres quien crees ser. Tu lugar no está allá atrás, en la ciudad que dejamos atrás hace mucho tiempo.
-¿Qué quieres decir?
-Pues... eres adoptada, Alissa. Tus verdaderos padres no son los que te criaron.
Tomé medio minuto para asimilarlo.
-Pero, entonces... ¿quiénes son mis padres?
-Por lo que sé, son miembros del ejército oscuro. Probablemente humanos, como yo, que vendieron su alma al diablo mucho tiempo atrás. Y resulta que tú naciste con una... extraña capacidad para los poderes mentales. No me mires así, al parecer eres una niña prodigio o algo así entre los míos.
-¿Y para qué me buscan, exactamente?
-Bueno, no es muy común encontrar a alguien con unas habilidades como las tuyas. Diría que eres única, y desde luego, muy, muy poderosa, Alissa. Tanto como para ser la más fiel ayudante del diablo... o como para derrocarlo.
-¡¿Qué?! ¿Piensas que yo podría desafiar al señor del infierno y salir victoriosa?
-Eh, eh, no te adelantes a los acontecimientos. Necesitas mucho entrenamiento y apenas sabes el alcance de tus poderes mentales. Ahora mismo, el diablo es inalcanzable para ti y para cualquiera que lo intente.
Asentí, resignada. Era demasiado bueno para ser verdad.
-Liam... ¿él me quiere matar para eliminar un posible peligro?
-Sí. He oído que alguien hizo una profecía mucho tiempo atrás: La unión de dos seres consagrados al mal por obligación dará en su fruto a la derrota del más poderoso ser de la oscuridad. El diablo se lo tomó muy en serio, y ahora revuelve cielo y tierra para encontrarte. Te teme, Alissa.
-Casi tanto como le temo yo a él.
Liam asintió, comprensivo.
Nos quedamos un rato en silencio, observándonos.
-Luego, el demonio se puso muy pesado porque quería ser él quien te llevara ante el diablo, para recibir la recompensa. Peleé con él, le maté y volví al coche, pero... ¡ya no estabas! No resultaba difícil adivinar dónde te habías metido. ¡En el nido de un vampiro, Alissa! -lo dijo como si fuera obvio.
-Y yo qué sé de vampiros.
-Cuando llegué, ya estabas tirada en el suelo, inconsciente. Creí... creí que estabas muerta. Jamás me perdonaré el haberte dejado sola -parecía atormentado. Le tomé de la mano, para consolarle-. Él me vio.  Me pilló desprevenido y me encerró en ésta habitación, contigo.
-¿Seguimos en la fábrica? ¿Prisioneros del vampiro? -un deje de terror atenazaba mi voz.
Liam bajó la cabeza.
Respiré hondo y me atreví a hablar, por fin.
-Antes, en el coche... cuando estabas enseñándome a escuchar tus pensamientos... creo que oí algo.
-¿Ah, sí? -evidentemente, no era una sorpresa para él. Seguro que se había dado cuenta nada más escucharlo yo-. ¿Y qué te pareció?
-No sé... ¿no es muy pronto? Quiero decir, apenas me conoces, Liam. ¿Cuándo me... sacaste del callejón donde el zombie? ¿Ayer?
-Es mediodía. Fue anteayer -me miró a los ojos-. Sé que te parecerá extraño, pero te conozco desde mucho antes. Mucho antes de que tú supieras siquiera de la existencia de monstruos y entraras de cabeza en mi mundo. Verás, llevamos mucho tiempo buscándote.
-¿Cuánto, aproximadamente?
-Se diría que toda tu vida. Pero fue difícil encontrarte. Creo que yo fui el primero en hacerlo. La primera vez que me crucé contigo, tenías once años.
-¿Qué? ¿Llevas casi cuatro años siguiéndome la pista? Pero, ¿por qué no me secuestraste antes?
-Estaba intrigado. No quería llevar a una niña ante el diablo sin una buena razón. Pero, en fin... el tiempo pasó, el diablo me amenazó y digamos que ya no eres una niña, así que me tuve que decidir anteayer. Si lo piensas, llevamos cruzándonos muchos meses.
Me puse a rememorar los últimos cuatro años de mi vida. Sí, había momentos en los que había sentido una presencia cercana... parecida a la que sentía ahora mismo, al lado de Liam. ¿Era posible que me hubiera estado acechando cuatro años?
-Sé que es confuso para ti. No me conoces, y voy a respetar eso. Pero lo que siento es lo que siento, Alissa. Yo sí te conozco. Te he visto crecer -pareció dudar un instante-. Era inevitable que me enamorara de ti.
Bajé la vista. Nuestras manos seguían entrelazadas, y yo no pensaba soltarlas. Había algo en Liam que me atraía sin remedio, pero ¿era aquello suficiente? Con Liam me sentía a salvo, como en casa. Pero no podía olvidar que él me había secuestrado y que planeaba llevarme al mismísimo infierno. Era peligroso sentirme en casa con él.
-Liam, yo... no sé qué decir. Hay tantas cosas que no me quedan claras... por ejemplo, ¿cuántos años tienes? ¿Y cuántos tenías cuando empezaste a perseguirme?
-Tengo diecisiete. En ambos casos. Cuando hice mi juramento, el diablo me concedió cien años de eternidad como recompensa. Esos cien años caducan el año que viene.
-¿Tienes cien años? -me había quedado boquiabierta.
-Así es. Siento no habértelo dicho antes.
Me estaba costando imaginarme a Liam así de viejo. Debía de haber vivido las guerras, los descubrimientos, las crisis... todo aquello que yo misma estudiaba en historia.
Era increíble.
-Y bueno... -me revolví inquieta-. ¿Qué va a pasar con lo del infierno?
-No te llevaré allí.
Hubo un silencio pesado.
-Pero no puedes olvidarlo y punto. ¡Te meterás en problemas! El diablo te encargó que me secuestraras, no puedes ignorarle.
-Ya te digo yo que sí.
-De todas formas, vendrán otros a por mí. Nunca estaré segura.
-Sí, porque yo estaré cerca, protegiéndote. No te dejaré sola, Alissa -se encogió de hombros-. Supongo que el diablo debería pensárselo dos veces antes de utilizar humanos con sentimientos.
-No, Liam. No te pongas en peligro, por favor. No por mí.
Me acerqué a él y, con suavidad le acaricié una mejilla. Liam se estremeció a mi tacto, como si llevara mucho tiempo deseando esa caricia. Lentamente, me rodeó la cintura con un brazo, apretándome contra su torso. Nuestros rostros estaban a centímetros el uno del otro. Tenía que contenerme para no besarle.
-No puedo vivir sin ti. Si te dejara ir, no me quedaría nada que hacer salvo buscarte de nuevo.
Le sonreí, abrumada. Era difícil aceptar que aquel chico estaba enamorado de mí. ¿De mí? Anteayer le miraba con temor, y hoy con amor. ¿Cómo era posible sentir algo tan rápidamente hacia alguien? Porque, si algo sabía bien, era que el sentimiento era mutuo.
Deslicé mi mano por detrás de su cuello, hechizada por su mirada. Le quería, le quería muchísimo.
Tras comprobar que no le oponía resistencia, Liam bajó su cabeza hasta que sus labios tocaron los míos. Al principio nos besamos con tiento, para más tarde fundirnos en un fuerte abrazo, alternando los besos con caricias con palabras de amor. Liam me sujetaba como si nunca fuera a soltarme, lo que me gustaba. Aquella tarde la pasamos pegados el uno al otro, hablando, riendo, besándonos. Era todo lo que podía pedir.
Amaba a un chico que me había secuestrado hacía dos días.

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