domingo, 22 de abril de 2012

Cap. 16: Lujos

Liam me acompañó hasta el coche. Estaba harta de que me ayudara en todo, así que me solté de él y caminé los últimos pasos hasta llegar al coche yo sola. La verdad, no fue muy brillante, porque me cansé y me mareé, pero al menos había ayudado un poco a recomponer mi orgullo herido.
-Son las siete y veinte -susurré. Hice cálculos. Había entrado en la fábrica de piscinas sobre las cuatro y media de la madrugada, pero lo que no sabía era si había pasado allí la noche o no. Estaba tan confusa que mi mente no me respondía. Liam me dijo que entró en la fábrica a buscarme hacia las seis, así que tampoco tenía mucha idea del tiempo que habíamos pasado allí dentro. Me contó que, en las guaridas de los vampiros, el tiempo pasa de una forma diferente. A veces más rápido, a veces más lento. Quizá habían pasado sólo catorce horas, quizá treinta y ocho. O puede que más. Tendríamos que mirar un calendario para saberlo con seguridad.
-¿Y ahora qué? -le pregunté a Liam, mientras éste arrancaba y conducía en silencio por la carretera desierta, alejándonos de la fábrica de piscinas.
-Ahora, buscamos una farmacia y comemos algo.
En realidad, me refería a qué íbamos a hacer después de recuperarnos, me dije. Liam había dicho que no me llevaría al infierno. Pero, entonces, ¿qué otra opción quedaba? ¿Volvería a casa, contaría una mentira a mis padres y volvería a vivir mi vida anterior? Me parecía que habían pasado siglos, no unos cuantos días. Mi vida era tan banal... pero ahora era peligrosa.
De todas formas, no me serviría mucho volver a casa. Otros monstruos me seguirían la pista. Nunca estaría a salvo, así que, ¿por qué volver?
Podría huir con Liam. Pero él no sacrificaría toda su vida por mi. Tendría una casa, amigos, aficiones... Pronto, tendría ganas de volver a la normalidad. Pero ahora el diablo estaría enfadado con él, ¿no? Porque había desobedecido sus órdenes al no llevarme ante él.
Entonces, tendría que huir sola. Viviría como una fugitiva, sola, cambiando de ciudad. Sonaba a aventura, pero a mí me apetecía de todo menos eso. ¿Qué pensarían mis padres de todo ésto? ¿Qué estarían haciendo ahora mismo? ¿Pensarían en mí, o Liam les habría borrado la memoria para que no me recordaran?
El temor a que nadie me recordara, ni mis padres, ni Mali, ni Sergio, ni mis profesores, ni siquiera Derek, el acosador del año pasado, me golpeó de pronto. ¿Sería Liam capaz de hacerles olvidar? Le observé, con miedo de preguntar. No quería saber la respuesta. Porque, en realidad, tenía sentido; Liam podría secuestrarme y no tendría problemas con la policía porque me borraría de la faz de la tierra.
Suspiré. De todas formas, no iba a volver, ¿de qué me servía que me recordaran? Sólo causaría dolor a mis conocidos. Mejor que no supieran de mi existencia.
Me di cuenta de que habíamos entrado en una zona industrial; grandes complejos con marcas de coches, electrodomésticos, ropa, seguros de hogares... Aquí tampoco vi a nadie, pero al menos había algunos coches en los aparcamientos, lo que me indicaba que había gente trabajando en las naves industriales.
Liam siguió conduciendo, y pronto entramos en una ciudad. Traté de averiguar dónde estábamos, pero los nombres de las señalizaciones de tráfico no me sonaban de nada. Debíamos de estar en el culo del mundo.
Me fije en la gente. Iban muy veraniegos, pero yo recordaba que estábamos a principios de octubre. ¿Dónde demonios me había llevado Liam? Me contuve para no preguntárselo; tampoco quería saberlo. Sólo quería darme un baño para quitarme los restos de sangre del cuerpo y comer un montón de calorías. Me daba igual todo lo demás.
Por fin, Liam paró enfrente de una farmacia. Se volvió un momento hacia mí y me dijo:
-Alissa, creo que será mejor que entre yo solo. Tienes un aspecto bastante preocupante y prefiero que no se hagan preguntas, ¿vale?
-Pero tu camisa está desgarrada. Pareces salido de una guerra. Tú también despertarás sospechas.
-Les diré que se me rompió con un árbol. No es raro, en ésta zona. Hay arbustos de espinas que suelen estropear ropa a menudo.
Asentí, confiando en él. Total, ¿qué podían hacer los de la farmacia?
Liam me sonrió, y después salió del coche. Me quedé sola, y otra vez pensé en escapar. Esta vez era una estupidez, porque ya no quería huir de Liam; pero, si me iba a sus espaldas, tal vez el diablo no le castigaría. Liam estaría a tiempo de rectificar, y mentiría y diría que yo me escapé de camino al infierno. Quedaría indemne.
Yo, no.
Pero llegados a éste punto, era imposible que yo quedase indemne. Hiciera lo que hiciese.
La idea de ayudar a Liam era demasiado tentadora como para ignorarla. Consideré la posibilidad real de escapar, de librarle del peso de mi captura. Seguiría con su vida. Seguiría siendo libre, se enamoraría de otra chica, mucho más normal que yo, y la invitaría al cine los fines de semana. Al cabo de un año, retomaría su ritmo normal de crecimiento, se haría mayor y tendría hijos. Y, muchos años más tarde, moriría siendo un anciano, muy lejos ya de sus compromisos con el diablo. Sería feliz, algo que yo no podría volver a ser.
De todas formas, no podría correr ni esconderme de Liam en las condiciones en las que me encontraba. Me encontraría al instante, y entonces ya estaría en guardia y no me daría otra oportunidad de huir.
No, tenía que esperar. Pero, en cuanto se presentase la oportunidad... dejaría a Liam tener una vida normal.
En ése momento él salió de la farmacia, y me esforcé por que no viera mis intenciones plasmadas en mis ojos. Esperaba que no se dedicara a hurgar en mi cabeza.
Abrió la puerta y se metió dentro del coche. Llevaba una bolsa con unas pastillas dentro, que dejó en la guantera.
-Son para tomártelas después de comer. Si no, te pueden hacer daño.
-Vale. Tengo hambre.
-¿Te parece si vamos a un hotel y ya encargamos allí la comida?
-Lo que sea -le sonreí. Me hacía gracia imaginarnos a los dos en un hotel, como si fuéramos normales.
Liam arrancó de nuevo y, apenas unos minutos después, aparcó enfrente de un hotel. Parecía demasiado lujoso.
-¿Esto no va a ser demasiado caro, Liam? -dije, dudosa.
-Llevo ahorrando cien años. Puedo permitirme un capricho de vez en cuando -bromeó, aunque a mí me parecía que su coche de última generación ya era capricho suficiente.
Liam me ayudó a salir del coche y después me susurró al oído:
-Ahora, finge ser normal. Si te preguntan, eres mi novia, o mi hermana, o lo que quieras. Venimos del monte, de hacer un picnic, y somos unos turistas encantados.
-Guay -sonreí. Mi tripa rugió, y nos apresuramos a entrar en el hotel. Me esforcé por no cojear ni observar con demasiadas ganas los exhuberantes platos que había en la recepción, como para recibirnos.
Liam se acercó a la recepcionista y dijo:
-Buenos días. Querríamos quedarnos unos días en la ciudad y nos preguntábamos si habría habitaciones libres en éste hotel... -dijo, con una voz muy inocente.
-¿Cuántas habitaciones? -ella sonreía, como todos los recepcionistas de lujo. Ni siquiera nos había mirado las ropas raídas ni las ojeras.
Liam me miró, duduso. Hablé por él:
-Una -no pensaba dejar que gastara más dinero del necesario, me daba igual lo que pensara la recepcionista o el propio Liam-. ¿Cuánto es al día?
-Son 325 €, con el desayuno incluido.
-¿Al día? -exclamé yo, consternada.
-No hay problema -me interrumpió Liam-. ¿Cuál habitación podemos coger?
-Necesitaría ver su DNI primero, si no le importa -la secretaria se había fijado en que éramos demasiado jóvenes para poder permitirnos un hotel así de caro.
-Por supuesto. Aquí tiene -Liam la miró fijamente, sin hacer ningún gesto que indicara que estaba dispuesto a sacar un carné. Mi corazón se puso a palpitar al cien, al darme cuenta de que él estaba manipulando su mente, pero Liam parecía muy tranquilo. Quizá en eso se basaba su riqueza; hacía creer a la gente que ya la había pagado y aquí no ha pasado nada.
-Muy bien. Aquí tienen -la secretaria nos dio una llave. La cogí con rapidez, y Liam me siguió hasta el ascensor. Una vez dentro, miré el número: 34. Miramos el mapa que había en la pared y vimos que estaba en el segundo piso. No tardamos mucho en encontrar la habitación.
Una vez dentro, me lancé hacia el minibar y lo abrí, con urgencia. Dentro había un montón de latas de refrescos y energéticas, barritas y poco más. Agarré las barritas y las puse sobre la cama. Le di una a Liam y me comí otra, con rapidez. Él también tenía mucha hambre, porque los dos nos acabamos todos los comestibles en minutos. Liam pulsó un botón y pidió una comida completa. Dijeron que estarían aquí en cinco minutos.
Suspiré, eufórica. Por fin podía respirar tranquila. Abrí una lata de Coca Cola y me la bebí en pequeños sorbitos, anhelando que llegara la comida. Liam se levantó y miró por la ventana, nervioso.
-¿Qué pasa?
-Nada. Es que... en recepción, había un calendario. ¡Hoy es miércoles, ¿sabes?!
-¿Miércoles? Pero... cuando entramos en la guarida del vampiro, era... sábado. Es imposible que hayamos pasado tanto tiempo ahí dentro.
-Los vampiros también pueden jugar con nuestra mente, Alissa. ¿Acaso recuerdas la primera vez que te mordió?
-No, pero perdí el sentido. La segunda vez, en cambio...
-No le dio tiempo a borrarte la memoria. Oh, dios, cómo no lo sospeché antes. ¡Llevamos cinco días ahí encerrados, haciendo quién sabe qué, bajo sus órdenes! Se habrán cebado en ti.
-¿Y cómo es que estamos vivos?
-Nos habrán dado de comer cualquier cosa, para mantenernos vivos.
Pero otra pregunta me atenazaba.
-Liam, ¿por qué a ti no te han mordido?
Desvió la vista.
-Los humanos que nos unimos a las filas del diablo fuimos protegidos contra el ataque de muchas criaturas, entre ellas los vampiros. Nuestra sangre les resulta nauseabunda.
-Oh. Entonces, ¿por qué te retenían allí conmigo?
Liam no dijo nada. Me acerqué a él, y le puse una mano en el brazo. Se encogió de hombros.
-Los vampiros son unos salidos, Alissa. Y la presencia de ésa vampiresa en la fábrica... bueno, no me tranquiliza mucho. De ti querían sangre y dinero, y de mí, bueno...
Bajé la mirada. Era terrible. Ahora comprendía por qué Liam tenía la camisa destrozada.
-¿Recuerdas algo?
-Nada. Eso es lo peor.
Le di la mano, y él me la acarició distraídamente.
En ése instante, llamaron a la puerta y entró un camarero con un carrito lleno de platos. Nuestros estómagos gruñeron y ambos corrimos hacia la comida. El camarero se despidió con una sonrisa y Liam y yo empezamos a engullirlo todo. Estaba buenísimo. Mi familia nunca había tenido dinero de más, por éso nunca había probado platos de lujo.
Liam parecía saber de mi vegetarianismo, porque no me ofreció carne. En cambio, sí que me dio su ración de espaguetis a la boloñesa, hechos con carne de soja, que eran precisamente mi comida favorita. Casualidades de la vida.
Después de una abundante comida (hasta rebañamos los platos), me tragué mis pastillas y me metí en la ducha. El baño eran inmenso, más grande que mi habitación, allá en casa. Nunca había tenido agua caliente tan rápido; al instante en que cambiaba el grifo, cambiaba la temperatura. Era realmente cómodo. Me lavé a conciencia, intentando eliminar el sufrimiento de mi piel, ya de paso. El champú era suave y olía a fresas. Me pregunté si Liam eligiría ése o el otro, mentolado. Suponía que escogería el de menta, porque no era la primera vez que olía aquella hierba en él.
Después, me quité la venda del cuello y observé que había dejado de sangrar. Liam me había contado que la saliva de los vampiros tenía propiedades curativas, para que los cuellos se cerraran rápido después de morderlos. Me limpié como pude la herida, pero me dolía tanto que al final me rendí.
Al salir, me di cuenta de que no tenía ropa limpia. Me puse un albornoz de seda realmente suave y me peiné con cuidado. Después, recogí mi ropa sucia y ensangrentada y la tiré a la basura.
Cuando salí del baño, se estaba haciendo de noche. Liam me dijo que había una tienda de recuerdos en la planta baja, así que me puse su abrigo de cuero y bajé mientras él se duchaba. Allí encontré camisetas, chándales y más ropa. Compré algo para cada uno, y me subí a la habitación. Liam seguía en la ducha, así que me cambié corriendo para que no saliera y me encontrara desnuda. Después, cansada, me senté en la cama y cerré los ojos un instante...
Y me quedé profundamente dormida.

jueves, 19 de abril de 2012

Cap. 15: Negocios con vampiros

Ya no sabía ni qué día era, por no hablar de la hora. Intuí que llevábamos en aquella habitación polvorienta bastante tiempo, por el rugir de mis tripas y por lo seca que tenía la boca. Liam se había quedado dormido a mi lado, pero yo me moría de sed y necesitaba reponerme del brutal ataque a mis reservas de glóbulos rojos de ayer (o de cuando fuera). Así que me levanté con sigilo, para no despertarlo. Ya en pie, le vi tan indefenso ahí dormido que me quité su chaqueta y se la puse por encima, tapándole lo mejor que pude. Luego, me dirigí hacia la puerta y la intenté abrir. Estaba cerrada, por supuesto.
Di un par de golpes secos, rezando por no despertar a Liam. Me había advertido que era mejor no cabrear a un vampiro, pero, si no llamaba su atención, ¿cómo íbamos a sobrevivir Liam y yo sin comer? Tenía que ser fuerte.
Y la verdad es que estaba cagada de miedo. Una enorme parte de mí ansiaba correr hacia Liam y acurrucarme en sus brazos, y dejar que él hiciera todo el trabajo y que se interpusiera entre mí y el peligro. Pero sabía que era una estupidez, que Liam no era invencible y que no podría soportarlo si le pasara algo. Y por eso sabía que tenía que ser yo la que diera la cara, porque a mí no me podrían matar. Me querían entregar viva al diablo.
Llamé de nuevo.
-Eh, chupasangre. Sé que puedes oírme -murmuré. En realidad, no tenía la más mínima idea de si me podría escuchar o no, pero valía la pena intentarlo-. Si pretendes encerrarnos aquí dentro, al menos tienes que darnos de comer. Somos h-u-m-a-n-o-s, ¿comprendes? No sobreviviremos mucho tiempo sin sustento.
Aguardé unos instantes, y ningún sonido llegó hasta mi. Pero los vampiros eran totalmente sigilosos, ¿qué me decía que ése vampiro no se encontraba allí mismo, a pocos centímetros de mí con sólo una puerta en medio?  Me estremecí al imaginármelo tan cerca. Tan silencioso. Tan acechante.
-Tienes que abrirme. Tengo un trato.
Hubo un momento más de silencio, y entonces, la puerta emitió un chasquido. Lo habría oído mil veces. Era el sonido que hacía una cerradura al cerrarse. O al abrirse.
Giré el pomo con sumo cuidado y la puerta se abrió, en silencio. Fuera, no había nadie. Sólo oscuridad. Respiré hondo, di un paso adelante y la oscuridad me engulló. Cerré la puerta detrás mío y confié en ser capaz de distraer lo suficiente al vampiro como para que no se acordase de cerrarla con llave. Así, al menos Liam podría salir.
Ahora caminaba a oscuras. Me pegué a la pared y tanteé, buscando un interruptor. No encontraba nada. No oía ni un solo ruido, ni siquiera una respiración o un ligero crujido del suelo. Nada.
Pero sabía que no estaba sola.
-¿Hola? -susurré. Estar en la más completa oscuridad, a merced de un vampiro que ya había probado mi sangre y dispuesta a hacer un trato con él que no me beneficiaría para nada no entraba en mi lista de tareas de año nuevo. Pero era lo que había. La vida nunca te da lo que quieres.
De pronto, palpé algo frío y duro cerca de mí. Ahogué un grito al comprobar que era una mano. ¡La mano de un cadáver!
-¿Cuál es el trato? -susurró él. Por un lado, sentí alivio al saber que no era un cadáver muerto, sino uno vivo el que había rozado. Por otro lado, me aterró estar cara a cara con el vampiro.
-Primero, enciende la luz.
De nuevo no le vi moverse, pero la luz se encendió sola. Ya me sentía más segura. Con luz, estaba en mi territorio. Aunque, de todas formas, el vampiro me podía cazar en un microsegundo si intentaba huir.
Pero no pensaba hacerlo.
-Sé lo que quieres de mí. Quieres la recompensa que ofrece el diablo por entregarme viva.
-También ofrece una por entregarte muerta.
Un escalofrío me recorrió la médula.
-Pero te conviene más llevarme viva. Él quiere averiguar cuál es mi potencial, ¿verdad? Quiere investigar. Quiere saber si soy yo la de la profecía o si no merece la pena molestarse. Por éso me prefiere viva. Y pagará mejor.
-No es dinero lo que busco, niña tonta.
-Jamás lo he dicho. Pero quiero hacer un trato contigo.
-Te escucho -clavó sus ojos en mí, con interés, con avidez. Mi instinto me gritó que corriese, pero me obligué a hablar firme.
-Si... si dejas salir a Liam ileso de aquí, si dejas que se vaya, entonces no opondré resistencia a que me lleves ante el diablo. Te diré todo lo que sé, sin ocultarte nada. Pero tengo que ver a Liam marcharse vivo con mis propios ojos.
El vampiro me observó un instante más y rompió en sonoras carcajadas. Eran escalofriantes, porque tenían un timbre tan agudo que sonaban antinaturales.
-¿Y qué te hace creer, humana, que me interesa hacer un trato tan estúpido contigo? No puedes huir de mi. ¿Por qué preocuparme? -continuó riéndose de mí, y temí que el eco despertara a Liam-. No, pequeña. Tengo otros planes para ti y para tu amiguito. Vaya si tengo otros planes. ¡Nerea!
Hubo un silencio, solo roto por las carcajadas del pirado del vampiro. Me abracé a mí misma.
-Jamás te dejaré llevarme ante el diablo. Si dejas libre a Liam, haré lo que tú quieras.
-No estás en condición de negociar, pequeña. ¡Nerea! Tienes un invitado.
-Ya voy, querrido -Nerea tenía acento francés. Me parecía ridículo y a la vez terrorífico. Aquellos dos vampiros estaban idos de la cabeza, lo supe en cuanto los vi. Nerea se acercó, con andares muy finos, y le plantó un beso en la boca al vampiro con el que intentaba hacer tratos. Se siguieron liando un poco más, conmigo incómoda sopesando la idea de coger a Liam y largarme de ahí. Pero debieron de leerme la mente, porque ambos se volvieron hacia mí, con ojos ansiosos.
-Ah, sí, tu amiguito. Dime, ¿cuántos años tienes? -la pelirroja me cogió por la barbilla y me alzó la cabeza, para mirarme mejor. Todo lo hacía con ademanes de estirada. No podía ponerme más de los nervios.
-¿Cuántos años tienes tú? Tienes que darme el número de tu cirujano -le espeté. Me zafé de sus manos, pero ella me cruzó la cara con un bofetón que me lanzó al suelo y se volvió hacia el vampiro-. Iago, toda tuya. Espero que el otro sea más... ya sabes, sabroso.
Acto seguido entró en el almacén donde estaba Liam durmiendo.
-¡No, Liam! ¡Liam! -chillé, mientras Iago me cogía del brazo y tiraba de mí por el pasillo-. ¡Liam, cuidado!
Mis gritos se perdieron en la lejanía. De pronto, estábamos en otro lugar. Seguía siendo la fábrica de piscinas, porque las paredes estaban pintadas del mismo azul agrietado, pero éste lugar tenía un sofá de cuero nuevísimo y unos grandes ventanales cerrados con sendas persianas.
-Estás loco.
Él no dijo nada. Sólo me empujó sobre el sofá y se me tiró encima, buscando mi cuello con sus terribles dientes. Me revolví, pero solo conseguí hacerme más daño. Me mareaba al pensar en el revoltijo de carne que debía de ser mi cuello ahora mismo, pero al parecer al vampiro le gustaba, porque chupaba más y más y yo sentía cómo las fuerzas me abandonaban.
La mente se me iba y notaba cómo me desfallecía. "Otra vez no, por favor". Sabía que, si me desmayaba ahora, cuando despertara estaría muy lejos. Quizá en manos del diablo, quizá Iago aún me tuviera retenida. Pero Liam ya estaría muy lejos.
En un último acto de rebelión, agarré al vampiro del pelo y tiré hacia atrás, pero los brazos me fallaban. Por encima del hombro de Iago, me observé la mano, horrorizada. Estaba pálida y delgada. Nunca me había visto así de demacrada. Me preguntaba cómo estaría mi rostro en aquel momento.
Justo entonces, cuando la oscuridad comenzaba a nublarme la vista de nuevo, alcancé a ver a Liam detrás del vampiro. ¡Liam estaba allí! Él me hizo una señal de silencio y yo traté por todos los medios de que Iago no se diera cuenta. Un segundo después, Liam le clavó su daga en la espalda, justo en el corazón. El vampiro alzó la cabeza, sorprendido, y emitió un gruñido gutural. Después, se desplomó encima de mí.
Liam enseguida me ayudó a quitarme el muerto de encima, nunca mejor dicho. Menos mal, porque yo estaba tan débil que no podría ni haber levantado una mariposa en aquel momento. Cuando me ayudó a levantarme, me di cuenta de que tenía la camisa dorada totalmente manchada de sangre. Reprimí una arcada y me senté en el sofá, preguntándome si el charco rojo a mi lado era mío o del vampiro. Liam desapareció un instante y volvió con una sábana de las que cubrían las cajas. Rasgó un pedazo y me limpió el cuello, y me lo vendó con precisión. Me dolía mucho, pero podía esperar.
-¿Estás mejor? -me dijo, mientras me acariciaba una mejilla.
Asentí débilmente, cerrando los ojos e intentando no pensar en que estaba cubierta de sangre.
-¿Quieres cambiarte? Mi camiseta no sirve de mucho, pero puedo darte la chaqueta -me tendió su chupa de cuero negra. Agradecida, la tomé, me di la vuelta y me quité la camiseta. En otras circunstancias, hubiera llamado a Liam de todo por no irse de la habitación, pero ahora sólo quería que él estuviera a mi lado. Además, ¿qué era verme en sujetador comparado con lo que acababa de pasar? Me puse su chupa y me abroché, y en cuanto lo hube hecho, Liam subió las persianas y la luz del sol a pleno día nos deslumbró a los dos.
-¡Madre mía!
-Pero, ¿cuánto tiempo llevamos aquí dentro? -murmuré, levantándome para mirar por la ventana. Enseguida me mareé y me tuve que sentar.
-Tú quieta ahí. Tenemos que llevarte al hospital. Ahora sólo... déjame encargarme de esconder los muertos.
Odiaba quedarme allí sentada mirando mientras Liam arrastraba el cadáver de Iago hacia las cajas que había apiladas contra la pared. Sacó una, grande y larga, y entonces me di cuenta de que era un ataúd. ¡Un ataúd!
-Liam, ¿cómo...? -dije.
-Duermen aquí. Se ve que esta era su habitación.
-No me refería a éso. ¿Cómo conseguiste escapar de la otra?
Liam abrió el ataúd y metió el cadáver dentro. Después, empujó el féretro contra la pared y lo cubrió con una manta.
Parecía un par de cajas más.
Pobre del que revisara aquello.
-La daga estaba en la chaqueta. Me salvaste la vida.
Me empecé a reír, de lo ridícula que era la situación. Él me había salvado primero, cuando el zombie estuvo a punto de matarme. Después, me había salvado de una infección que me hubiera convertido en zombie. Más tarde, me volvió a salvar de caminar sin rumbo por el desierto con cuatro zombies acechándome. Y ahora, tras matar al vampiro que amenazaba con desangrarme, me dice que le salvé la vida. ¡Y todo lo que hice fue ponerle un abrigo encima!
Se acercó hasta mí, me puso un mechón de pelo detrás de la oreja y se disculpó. Tenía que ir a esconder el otro cadáver.

miércoles, 18 de abril de 2012

Cap. 14: Complicada situación

No fue hasta que me intenté levantar para estirarme cuando me di cuenta de la precaria situación en la que nos encontrábamos Liam y yo. Primero, observé que estábamos en una especie de almacén, rodeados de cajas de madera cubiertas por sábanas polvorientas y estanterías llenas de ficheros. La puerta estaba firmemente cerrada y no parecía que fuera a abrirse en absoluto.
Lo segundo que sentí fue cómo se me nublaban los sentidos, se me oscurecía la vista y me empezaban a pitar los oídos. Perdí el sentido del tiempo, y lo próximo que recuerdo es hallarme en el suelo, a lado de un preocupado Liam.
-¿Qué ha pasado? -tartamudeé, con la boca pastosa.
-Vaya, debí de haber previsto ésto. Lo siento.
-Venga, tú no tienes la culpa. ¿Me acabo de desmayar? -suspiré. Supuse que era por la falta de sangre, que, unida a mi habitual anemia, se convertía en un problema.
Liam se encogió de hombros y me ayudó a sentarme, apoyada contra la pared.
-Estoy cansada -le dije, y era verdad. Seguro que tenía las mejillas tan hundidas que parecía un dementor de Harry Potter.
-Entonces duerme. Te vendrá bien para recuperar glóbulos rojos -Liam me acomodó en su hombro y me abrazó.
Hubo unos minutos de silencio antes de que me decidiera a preguntar:
-Liam. ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Qué quiere de nosotros ése vampiro?
-De mí, solo sangre. De ti, espera una buena recompensa. Pero los vampiros son muy enrevesados. Probablemente espere pasar un  buen rato jugando con tus sentimientos, y con los míos. Jugando a acabar con nuestras reservas una y otra vez, a que pensemos que estamos perdidos y que ya no hay salida, a que deseemos morir. Y entonces, dejarnos vivir un día más. Para luego volver a beber.
Me estremecí. La sola idea de imaginar al vampiro hundiendo sus afilados colmillos en mi cuello de nuevo me hacía temblar. ¿A qué se refería Liam con 'jugar con nuestros sentimientos'? Liam notó mi escalofrío y lo malinterpretó:
-No te preocupes. No te pasará nada permanente. Quiere entregarte al diablo, así que te dejará viva.
-¿Y a tí?
Liam guardó silencio.
Me incorporé, horrorizada.
-¡¿Y a ti?! Liam, contigo puede hacer lo que le venga en gana. Incluso matarte si quiere.
-Y lo hará. Si no se lo impedimos.
-No -susurré, volviendo a acurrucarme en su costado. Liam no podía morir. Simplemente, no podía.
Estuvimos más tiempo en silencio, tanto que pensé que quizás él ya se había dormido.
-¿Liam?
-¿Sí?
-Te quiero -le dije, y le di un beso en la mejilla. Él sonrió, gratamente sorprendido, me estrechó en sus brazos. Ya dispuesta a dormir, cerré los ojos, pero mi mente no me daba un descanso. No podía dejar de pensar en lo que sentía por Liam. Había tenido otros novios, pero todos eran líos de poca monta. Ninguno duró más de los dos meses, y éso con suerte. Todos ellos me caían bien, por supuesto; pero lo que tuvimos no fue más que físico, al fin y al cabo. No como entre Liam y yo. Liam tenía algo que me atraía irremediablemente, y no era precisamente su físico (nada envidiable, por otra parte). Liam era, simple y llanamente, el chico perfecto. Y me hacía sentirme completa cuando me rodeaba con su brazo. Me hacía sentir segura.