jueves, 24 de mayo de 2012

Cap. 17: Vida normal

Lentamente abrí los ojos. ¿Era de día? Tenía la sensación de que habían pasado semanas desde que me acosté en aquel hotel. La cama era tan suave y cómoda... me sentía perfectamente a gusto. Así quería imaginarme la muerte; una comodidad absoluta. Ya no hay problemas, ya no tienes que preocuparte por nada. Solo tú y tu descanso. Ojalá.
Pero no; aún estaba viva. Y tenía muchos problemas.
Me levanté de un salto, recordando de golpe todo lo que habíamos pasado Liam y yo el día anterior. Primero, miré el reloj de la pared: eran las cuatro de la tarde del día siguiente. Hoy era jueves.
Hoy hacía una semana que conocía a Liam. Una semana desde que desaparecí de mi vida. Una semana desde que cambió tanto mi percepción del mundo.
Suspiré y me levanté de la cama. Me di la vuelta y vi a Liam, profundamente dormido, en el otro lado de la cama. Sonreí. Cuando me fuera, le iría bien.
Entré en el baño y me miré el cuello. No tenía mala pinta. Me lo lavé un poco más y me recogí el pelo en una coleta alta. Después, registré los cajones hasta que vi un botiquín. me puse una gasa desinfectada por si acaso en la mordedura del vampiro, aunque Liam me había asegurado que no era necesario. Luego, lo guardé todo como estaba y salí del baño. Liam seguía dormido, de modo que salí al balcón y me senté en una hamaca que había. Me gustaría estar allí para siempre. Estaba tan segura a su lado... ojalá pudiera quedarme con Liam toda la vida. Sería genial, pero él tenía que ser feliz. Yo ya estaba marcada de por vida.
Entonces, pensé qué sería de mí. ¿Qué haría cuando me fugara? Tendría que hacerlo muy bien, para que Liam jamás me encontrase. Me dolía en el alma tener que marcharme, no volver a escuchar su voz, a mirarle, a besarle...
Sacudí la cabeza. Tenía que ser. Tampoco es que me fuera a rendir. Jamás.
El diablo se las iba a ver conmigo. ¿Quería encontrarme? Pues bien, le iba a encontrar yo a él primero. Y le mataría. Por haberme destrozado la vida.
Probablemente necesitaría mucho entrenamiento. Primero, le pediría a Liam que me enseñase a manipular la mente. Odiaba admitirlo, pero sin hacer trampas no llegaría a ningún lado. Luego, robaría un coche, me largaría lejos y me alojaría en distintos hoteles cada noche. Aprendería a luchar, tanto psíquica como físicamente. Y, cuando estuviera lista, iría a por el diablo. Lo pagaría caro.
-¿Alissa? -escuché decir a Liam dentro de la habitación.
-En el balcón.
Unos momentos después, un amodorrado Liam se sentó a mi lado en la hamaca. Nos quedamos un rato en silencio, viendo a las personas pasar, ajenas a todos los secretos que se ocultaban tras las sombras. Felices.
-¿No te gustaría ser uno de ellos? -señalé con la cabeza a un grupo de adolescentes más o menos de nuestra edad que paseaban entre risas por la acera de enfrente.
-¿Qué quieres decir? ¿Si me gustaría ser normal? -se lo pensó un rato-. Sí, claro que sí. Pero supongo que si fuera normal querría vivir una aventura.
-Las aventuras están sobrevaloradas. En realidad, te sientes como una mierda -hice una mueca.
-Ya, pero conoces a gente interesante -me miró con intensidad.
Le sonreí.
-Te refieres a los vampiros. Sí, son curiosos. Aunque no estoy segura de querer repetir la experiencia.
Nos reímos, y me acerqué más a él. Nuestras bocas casi se tocaban, y podía sentir su delicioso aliento a menta en mis labios. Al fin, me decidí por los dos y le besé.
-¿Qué va a pasar ahora?
-Nada. Si quieres volver a tu vida normal, eres libre de hacerlo. Yo te protegeré de los monstruos que vengan a por ti.
-Y una mierda. ¿Vas a pasarte la vida vigilándome? Sé un poco más egoísta, ¿vale?
Me apretó contra él. Me encantaba su olor. Sí, decididamente había escogido el champú de menta.
-Bueno, por el momento pensemos en el presente. ¿Quieres desayunar?
-¡Afirmativo! ¿Te sobrará dinero para algo de ropa? No soporto las camisetas chillonas de hotel, ¿sabes?
Volvimos a la habitación y ordenamos un desayuno. Un rato después, nos trajeron unas bandejas llenas de manjares. En cuanto el camarero se fue, observé los platos con indecisión.
-Me hubiera conformado con unos cereales...
-¿En serio? ¿Has probado las tortitas para desayunar? -Liam me pasó unas tortitas dulces rellenas de queso que, decididamente, estaban buenísimas. Me devoré el desayuno y después bajamos a comprar ropa. Él se cogió unos vaqueros negros y una camisa de cuadros marrones, y yo unos vaqueros blancos y una camiseta morada y blanca de rayas. Después, caminando por la ciudad, me atreví a decirle:
-Quiero que me enseñes a manejar mis poderes. En serio, necesito poder defenderme. Ya sabes.
-De acuerdo. ¿Quieres practicar? Ven, sentémonos -escogió un banco de la calle, por el que pasaba muchísima gente. Me puse a su lado.
-¿Qué tengo que hacer?
-Leerle la mente a ése hombre de ahí.
Le observé. Era alto, negro y llevaba una camiseta amarilla horrorosa. Hablaba por teléfono y estaba parado enfrente de una pizzería.
-Vale. Especifica.
-Mira, sólo tienes que mirarle y escuchar. De verdad, viene solo.
Suspiré y centré la vista en él. No oía lo que estaba diciendo por teléfono, y tampoco lo que estaba pensando. Me concentré más. Le clavé la vista en los ojos negros, tan profundamente que pensé que me perdería. Entonces, Liam me cogió de la mano y de pronto oí: ''Llega tarde por segunda vez. ¿Será que no me quiere?''.
Me solté de la mano de Liam rápidamente, y el sonido cesó. Me volví hacia él.
-¿Me has canalizado sus pensamientos?
Se encogió de hombros.
-No tienes que esforzarte tanto. Sólo haz como si él te estuviera hablando de verdad.
Me imaginé que el hombre me estaba diciendo algo, pero que no le oía. Quería entender qué era lo que me estaba diciendo... ''Quizá lo del anillo sea demasiado precipitado. Debería esperar más tiempo...''
-¡Lo he hecho! ¡Liam, lo he conseguido!
Me volví hacia una chica que mascaba chicle apoyada en una farola. ''Ésta tía está pirada. Espera, ¿me está mirando? Dios, me está mirando. Yo me piro''. Entonces se levantó lentamente y se fue en otra dirección. Rompí a reír a carcajadas.
-Joder, creí que éstas cosas eran más difíciles.
-Y lo son. Pero es que tú... tú lo consigues todo de una. Ya te vale, Alissa -me miraba maravillado.
-Bueno, ya basta de entrenar por hoy, ¿no crees? ¿Hacemos algo normal?
-¿Normal... como ésto? -me besó de nuevo, pero ésta vez más intensamente. Le envolví con mis brazos y nos apoyamos en el banco, riéndonos. Por un momento, me sentí como cualquier otra, ilusionada con mi novio. ¿Eso éramos Liam y yo? No por mucho tiempo, entonces.
Paré en seco.
-Espera, Liam. ¿Tú... tú me puedes leer la mente ahora mismo?
-No. Tienes una barrera, Alissa. Sólo puedo si me esfuerzo mucho... Por éso no eres normal.
-¿Y tú tienes la misma barrera?
-Claro. La gente normal no, porque no está prevenida. Pero tu cuerpo la levanta en cuanto lo sabes, como mecanismo de defensa. Es algo involuntario.
-Vaya. Cuántas cosas estoy aprendiendo, y éso que me he saltado toda la semana de instituto.
-¿Te he contado que de pequeño quería ser profesor?
Y así siguió la tarde. Casi éramos normales. Casi.