Cuando desperté, Liam me estaba sacudiendo los hombros. Estaba tumbada horizontalmente ocupando los dos asientos traseros del coche. Al principio, me costó ubicarme; tenía un gran dolor de cabeza que hacía que me resultara difícil pensar. Liam me ayudó a salir del coche. Me tambaleé. La verdad, tenía mucha hambre y me pitaban los oídos.
-¿Qué me está pasando? -le dije, asustada.
-Es lo que ocurre cuando te ataca un zombie. Ha debido de arañarte o algo... si la herida se te infecta, estarás perdida. Ahora mismo, tu cuerpo trata de defenderse contra las células mutantes que amenazan con... bueno, con convertirte en lo que era él.
-¡¿En zombie?!- le chillé en la cara-. ¿Y me lo dices ahora? ¿Cómo puedo evitarlo?
-¡Shh! No hay nada que puedas hacer por el momento. Solo ven conmigo hasta la casa y veré qué puedo encontrarte.
En ese momento, me di cuenta de que estábamos aparcados a unos cien metros de una bonita casa en medio del campo. No quedaba duda de que eran personas adineradas. El porche se alumbraba con un tono cálido, y las ventanas del comedor se veían iluminadas.
-Dudo que éso está vacío.
-Espera y verás.
Liam desapareció de mi lado y le vi deslizarse hacia la casa. Iba directo hacia la puerta.
-¿Qué vas a hacer? ¿Les conoces? -susurré, nerviosa. Aquellos adinerados inquilinos podrían ser mi posibilidad de volver a casa. Pero, si ellos estaban con Liam... entonces no había salida.
Liam subió al porche y llamó al timbre. Noté que se comportaba como si todo aquello fuera normal, como si él no acabara de raptar a una chica en un callejón oscuro y de conducir un llamativo coche por toda la ciudad sin problemas (a pesar de que estaba segura de que no había cumplido la edad necesaria para ser legal).
Unos instantes después, un hombre rechoncho y de rostro afable abrió la puerta. Liam murmuró unas palabras, y éste le dejó pasar. Cerraron la puerta. Me quedé sola en el exterior, sintiéndome como una idiota. Quería escapar, pero estaba en medio de una llanura con nada en kilómetros de distancia, con una probable infección zombie encima y el único que parecía saber cómo se curaba era Liam. Por tanto, más me convenía seguir a su lado, al menos de momento.
Unos cuantos minutos después, se oyó un ruido sordo y Liam se asomó a la puerta.
-Hecho. ¿Pasas o qué?
Entré corriendo al salón. Allí se encontraba el hombre que había invitado a entrar a Liam y, presumiblemente, su esposa, ambos tirados en el suelo.
-¿Están muertos? -dije, arrodillándome a su lado y tomándoles el pulso.
-No, no. Demasiado cantoso. Despertarán mañana con un montón de migraña y sin recordar la noche anterior. Con un poco de suerte, pensarán que bebieron demasiado -señaló una mesa cercana, donde había una botella de tequila. Suspiré y me senté en un sofá.
-Vale. Ahora, quítame ésta infección zombie o lo que sea, antes de que me vuelva verde y quiera comer tu cerebro.
Se rió quedamente mientras revisaba la habitación, probablemente en busca de otros inquilinos. No había más. Imaginé que ya habría hablado con la pareja lo suficiente como para saber que vivían solos.
Después, arrastró los cuerpos inertes hasta un sofá cercano y los dejó allí, como si se hubieran quedado dormidos. Daba mucho mal rollo estar sentada enfrente de ellos.
-Antes que nada, busca el arañazo que te ha hecho. Yo voy a la cocina a por un poco de vinagre.
No pregunté. Me dediqué a inspeccionar mis brazos, mi cara y mi cintura. Finalmente, encontré un arañazo considerable en el cuello. Lo curioso era que no me dolía, aunque cuando pasé los dedos por encima, me quemó las yemas. Era igual que la piel del zombie.
-¿Liam? Esto no tiene buena pinta.
-Nunca la tiene -gruñó él, regresando de la cocina con un frasco de vinagre de vino blanco en la mano. Me estremecí al verlo. Tenía que escocer.
-Primero: ¿para qué sirve el vinagre? -murmuré.
-Para aliñar ensaladas y tratar heridas causadas por un zombie.
-Pero, ¿por qué?
-Mira, el vinagre sirve para conservar las cosas. En otras palabras, impide que los virus entren y lo corrompan. Bueno, pues eso mismo vamos a hacer en tu herida -mientras hablaba, iba empapando vinagre en un pedazo de algodón.
-¿Me va a doler?
-Bastante.
Agradecí que no me mintiera, y cuando fue a ponerme el algodón en el cuello, donde le señalé, se lo quité de las manos y me lo apreté yo misma.
El dolor fue casi innmediato.
Primero sentí un hormigueo desagradable, como si un montón de hormiguan treparan por mi piel. Después, un escalofrío me sacudió de arriba a abajo. Y entonces, un ardor intenso me invadió y se me llenaron los ojos de lágrimas.
-¿Liam?
-¿Sí?
-¿Me pasas el tequila? -traté de controlar mi voz para que no dejara translucir el dolor que me atenazaba.
Se rió de nuevo. Me enfadaría porque se burlaba de mi sufrimiento, pero no tenía energías. Cada fibra de mi ser estaba concentrada en el dolor del cuello.
Quería quitarme el algodón, pero Liam me lo apretó con fuerza con un esparadrapo y me obligó a apoyarme en el sofá. Luego, me alcanzó la botella de tequila.
Me eché un trago tan rápido que el ardor de la garganta se sumó al de mi piel infectada. Pero el tequila mejoró el dolor. En unos minutos, ya casi no era consciente del desagradable picor que sentía en el cuello.
¿se ha amborraxado..... ? hai hai... eso no va a ayudar a que siga siendo virgen....
ResponderEliminarLo había pensado pero creo que el no va a hacerle nada de momento. Luego ya pasara jejeje
EliminarAdemas ella era medio zombie perdida ¬¬
Pues en el proximo cap. se ducha jijiji
LOL ¡JODER CON LO DE DEMUESTRA QUE NO ERES UNA MAQUINA!
EliminarLo se, lo se... aunque como es mi blog, no lo sufro porque para comentar en el mío propio no tengo que demostrar si soy una máquina o no...
EliminarTengo enchufe.
pffff q morro....
Eliminar¡Premio a éste capítulo por ser el capitulo que mas comentarios tiene!
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