¿Qué se suponía que debía hacer? Eran las cuatro de la madrugada y Liam no había dado señales de vida. Estaba desesperada. Liam debía de haber terminado su reunión con el diablo hacía horas... ¿Cómo es que no había vuelto todavía?
¿Había decidido renunciar a mí? Quizá el camino hacia el infierno le pareciese difícil, y prefiriera pasar de mí totalmente. Darse la vuelta y marcharse andando. Como si no hubiera pasado nada.
Era poco probable.
También era posible que el demonio no le hubiese permitido volver. Pero, ¿qué sentido tenía aquello? ¿Para qué apresar a Liam?
-Quizá, en el camino de vuelta, le atacó algo. Un zombie o un demonio, o algo peor -susurré, para mí misma. Llevaba dos horas de infructuosos intentos de comunicación mental con mi secuestrador.
¿Por qué no podía irme y ya está? No me hacía falta registrar el coche para saber que no habría unas llaves de repuesto debajo del asiento, pero no era la primera vez que le hacía un puente a un coche, ni la más difícil. Lo había hecho con un borracho pisándome los talones, en un tiempo récord, y había conducido de vuelta a casa sin saber cómo y bebida. Estaba en perfectas condiciones de hacerle un puente a el cochazo de Liam, en medio de la nada, dentro de él y sin nadie a mi alrededor ante el quien disimular.
Simplemente, cogía el coche y me largaba.
Pero me encontrarían otros.
-¿Y qué probabilidades hay de que no te encuentren igualmente, estando aquí? Quizá ya te hayan encontrado, incluso -me revolví inquieta, clavando la vista en la negrura a mi alrededor. La fábrica de piscinas parecía tétrica a la luz de la luna, pero eso era lo de menos.
Pero no podía irme. ¿Y si Liam volvía y no me encontraba allí? ¿Y si le habían hecho daño? Iban a ser las cuatro y cuarto y todavía no tenía un plan.
-Vale, tranquila. Puedes hacer tres cosas: a) Hacerle un puente al coche y largarte sin mirar atrás. b) esperar a Liam como una tonta hasta que vuelva, si es que lo hace, o te saque de aquí otra cosa. c) salir del puto coche e ir a buscarle por tí misma.
Desde luego, la primera opción era la más viable. Volvería a mi vida normal, a mi casa. Mi madre estaría asustadísima, pero seguro que lograba convencerla de que no había peligro. Y el lunes volvería al colegio, como siempre, y tendría una aventura más de fin de semana que contar a mis compañeros.
La segunda opción... no era mi estilo. No podría aguantar ni medio minuto más allí sentada sin hacer nada. Liam ya era mayorcito, podría cuidar de sí mismo. Yo tenía que hacer lo mismo conmigo.
Y bueno... llegados a éste punto, la tercera parecía una locura. ¿Salir del coche? A saber cuántos zombies iban a saltarme encima en cuanto pusiera un pie fuera del deportivo de Liam. Además, no sabía a dónde había ido y, si habían sido capaces de hacerle daño o retenerle, yo no sería capaz de ayudarle.
Pero tenía que ir a buscarle, y ya.
Quité el seguro de un manotazo y abrí la puerta. El aire fresco me avivó las neuronas. Me sentía casi bien. Y eso sin contar los monstruos que me acecharían ya entre las sombras.
Hacía frío; nada comparado con la temperatura que hacía en la llanura durante el día. Di la vuelta al coche y abrí la puerta trasera. Liam se había dejado su cazadora de cuero atrás. Bien.
Ataviada con el abrigo de mi secuestrador (al cual al parecer iba a buscar la propia víctima), cerré la puerta en silencio. No quería que nigún ser me oyera, todavía no.
Caminé un par de pasos hacia la dirección por la que desapareció Liam. Genial, ¿ahora dónde iba? No tenía ni idea de dónde se encontraba él. Quizá habían quedado en la fábrica de piscinas, pero éso estaba a mi derecha, y Liam había ido en otra dirección. Aunque quizá había girado en cuanto había desaparecido de mi vista, para despistarme.
Indecisa, me acerqué a la puerta de la fábrica. Le di una patada, y pareció moverse un poco. Con un par de golpes más, conseguí echarla abajo.
Contemplé el edificio que tenía delante. Era más terrorífico visto de cerca. Las piscinas vacías, azuladas y agrietadas, se apilaban contra la pared exterior, como amenazando con caerse encima mío. Una desvencijada verja (que ya había sido forzada en varias ocasiones, al parecer) se balanceaba, justo enfrente de las escaleras de acceso a la construcción. Lo demás... bueno, era ideal para una película de miedo.
'Estás en una película de miedo', me dije. Zombies, demonios, secuestradores... ¿qué más queria?
-¿Liam? -susurré, apenas audible.
No recibí respuesta. Resuelta, me aventuré hacia la fábrica. Iba a buscar a Liam, al menos lo iba a intentar. No podía dejar que el miedo me dominase y salir corriendo, y huir. Eso era lo que había hecho toda mi vida. Había huido cuando el borracho me perseguía, había huido cuando el zombie me esperaba en la puerta del instituto, y también había huido esta mañana, en cuanto me vi desprovista de la vigilancia de Liam. ¿Acaso no valía más que para correr de un lado a otro?
Pasé la verja y comencé a subir los escalones. Mi corazón latía, alocado. Tenía un deseo terrible de dar media vuelta y salir corriendo, pero ahora también me daba miedo darle la espalda a la fábrica. ¿Y si Liam estaba tan cerca de mí...?
Con un crujido, abrí la puerta. Dentro, todo era oscuridad, pero logré alargar el brazo y accionar un interruptor.
Las luces, una por una, se encendieron todas mostrándome el recibidor. Aquello era todo blanco y mugriento. Era evidente que aquel lugar llevaba tiempo en desuso, pero no me explicaba cómo es que había luz todavía. Podía deberse a un mal regente o a algún tipo de problemas con la empresa de la luz, pero a mí me beneficiaba. ¿Qué importancia tenía ahora, además?
Al caminar, mis pasos resonaron por todo el espacio. Daba un poco de miedo, y además así era más fácil localizar mi posición. Pero no podía hacer nada por evitarlo, así que seguí adelante, con todas las fibras en tensión.
Revisé pasillos y más pasillos, pero ninguno mostró actividad extraña. Había pisadas sobre el polvo, pero seguramente aquel había sido el lugar de muchos botellones entre adolescentes, así que no era nada extraño.
Me asomaba un poco a las habitaciones, pero había tantas... si Liam estaba allí, tardaría siglos en encontrarle.
Hubo un momento en el que estuve segura de haber oído el chirrido de una puerta. Me volví, aterrorizada, pero todo estaba en calma. Quizá había sido el viento. O mi imaginación.
Caminé unos pasos más y entonces se hizo evidente. Alguien me seguía. Intentaba que sus pasos sonaran a la vez que los míos, pero yo escuché más cosas. Un aletear. Otro crujido en el piso.
'Por favor. Que sea un borracho medio tonto. O que sea de la mafia. Cualquier cosa menos la que creo que es', recé, acelerando el paso. El aleteo se volvió más constante, hasta que mi caminar se volvió correr. Buscaba la salida, o un sitio donde esconderme. Pero, claro, no podía huir de un vampiro.
Me interné en un pasillo oscuro, y no me dio tiempo a encender la luz. 'Mejor, así no podrá encontrarme'.
Al ver sus ojos rojos reluciendo a centímetros de los míos, un instante después, recordé que los vampiros veían mejor en la oscuridad que en la luz.
'Joder, mierda, mierda, joder'.
-¿Buscabas a alguien? -dijo, con educación, el vampiro.
-Buscaba la luz, gracias -gruñí. El vampiro no pareció moverse, pero el interruptor se accionó y el pasillo se llenó de claridad. Por fin pude verle. Tendría veintitantos años, y era joven y guapo. Quitando, claro, la palidez mortal, los ojos rojos y los colmillos afilados que le sobresalían por entre los labios.
-Sabes que te encontraré igual si intentas huir. Da igual la de luces que enciendas, siempre podré olerte.
-Me alegro de haberme duchado esta mañana -le espeté, recorriendo el pasillo con los ojos, buscando una salida.
-Oh -sonrió, y me dio verdadero pánico-. Así que eres de las peleonas.
Apenas sentí el manotazo y ya estaba en el suelo. Me había dado un golpe muy fuerte en la cabeza, me pitaban los oídos y algo se me clavaba en la espalda. Tanteé, confusa. Era algo afilado. Algo que se encontraba en el bolsillo del abrigo de Liam.
Cogí el objeto y lo sopesé, en las manos. Sabía lo que era. Pero el vampiro se lanzó sobre mí y apenas me dio tiempo a guardarlo de nuevo en el bolsillo antes de sentir cómo sus afilados colmillos se clavaban en mi cuello. Lo único que pude sentir fue dolor, y él también, porque le había propinado una patada con todas mis fuerzas en la entrepierna.
Perdí el sentido a los pocos instantes. Recordaba blanco, blanco y más blanco. Cuando, más tarde, traté de rememorar, me topé con una barrera en mi mente imposible de traspasar.
Sólo recuerdo que me desperté con Liam.
ahora toca bronca...
ResponderEliminar¿Como bronca? Liam no es de esos. La cuidara por haber intentado salvarle...
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