Con los días aprendí a llevarme ropa de repuesto, y siempre salía totalmente distinta de como entraba. Pero sabía que no serviría de nada. El zombie siempre estaba allí, esperándome. Parecía que no se iba a cansar nunca.
Lo peor era que yo sabía que algún día me reconocería. Y entonces, ¿qué? ¿Cómo podía matarme un zombie? ¿Acaso tenía armas? ¿Podía defenderme? ¿Podía matarle yo a él?
Mi humor empeoró notablemente, así como las notas y la paciencia de los profesores. Si antes ya me tenían manía, ahora sentían hacia mí un odio indescriptible. Me pasaba las horas en el pasillo, dándole vueltas al tema del zombie. La situación no podía seguir así. Tenía que hacer algo antes de que descubriera mi truco.
Pude observar que el bicho en cuestión se ponía en lo alto del edificio de enfrente todos los días. Tardaba unos diez minutos en subir arriba, y otros diez en bajar, a la hora del recreo. Me di cuenta de que era bastante tonto. Era como un robot: siempre hacía lo mismo. Como si le hubieran programado.
Todos los recreos estaba en la misma esquina, escudriñando a través de la verja. Dos veces me atreví a acercarme. Era más un experimento que real curiosidad. Le pregunté de nuevo que quién era, y me dijo: 'He venido a matarte'. En parte me decepcionó un poco.
La segunda vez sí que fue espeluznante. Se rayó y comenzó a repetir la alegre frasecilla sin parar. He venido a matarte, he venido a matarte, hevenidoamatartehevenidoamatarte...
Cuando me fui, aún podía oír su chirriante voz de muerto como si estuviese susurrando en mi oído.
Pensaba que nunca iba a poder deshacerme de él; que un día nos encontraríamos en una calle solitaria y que ése sería el fin. Que la rutina se estaba haciendo insostenible y que todo el mundo, mis padres, los profesores y mis compañeros, estaban empezando a sospechar que yo me había metido en las drogas o algo por el estilo.
Entonces, seis días después de la primera persecución, ocurrió. El zombie me encontró.
Caminaba apresuradamente por la calle. Aquella mañana había ido al instituto con mis pantalones de gimnasia, mi chaqueta negra y las deportivas embarradas de toda la vida. Salí con unos leggings negros y una camiseta morada de lentejuelas (más acorde con mi estilo habitual). Llevaba Converse negras.
No sé cómo me reconoció el zombie. El caso es que, mientras caminaba de vuelta a casa, me di cuenta de que estaba sola por la calle. No me gustaba ni un pelo, así que agaché la cabeza y me di más prisa.
Oí un ruido a mi lado. Me pareció oír 'toc, toc', pero no me quedé para averiguarlo. Eché a correr, sintiendo resonar en mis oídos la voz quejumbrosa del zombie. Era él, seguro.
Un coche pasó por la carretera, y los faros me deslumbraron. Quería pararme a respirar, pero no podía dejar de correr. ¿Hacia dónde iba? No veía nada. Me estaba mareando y mis ojos seguían cegados por el destello del coche. Era vagamente consciente del zombie, siempre junto a mi. A veces delante, a veces al lado. Daba igual. Me rodeaba, y éso era lo que importaba.
Seguía corriendo. Tenía la esperanza de no haberme desviado hacia la izquierda, hacia la carretera. ¿Y si estaba corriendo a ciegas en medio de ésta? Estaría muerta en apenas un segundo. Al menos, escaparía del zombie.
Me asaltó otro pensamiento: ¿si el zombie acababa conmigo, yo también me convertiría en un zombie? Era demasiado desagradable para ser real. Además, ahora solo tenía que correr, correr con todas mis fuerzas.
El impacto fue brutal. Caí al suelo, medio inconsciente, y me preparé para morir bajo las ruedas de un coche. Quizá un camión. Quizá una furgoneta.
* * *
No sabría decir si habían pasado horas o segundos. Aquella incómoda sensación del desmayo, que ya viví una vez, cuando estaba anémica perdida y perdí el sentido unos instantes, volvió a mí. Me incorporé, recuperando la visión poco a poco, y vi al zombie cernirse sobre mí, con su sonrisa manchada de sangre y pedazos de carne entre los dientes.
Por el rabillo del ojo vi que no había chocado contra un coche, sino contra un muro. ¡Un muro! Estaba en el callejón del Chino. ¡Había sobrepasado mi casa e ido a parar al único lugar por el que no pasaba ni dios!
Rodé hacia un lado y me levanté, con dificultad. Sentía que iba a volver a desmayarme en cualquier momento. ¿Qué coño me estaba pasando? Era el zombie. Era su olor dulzón y a la vez pútrido. Era el olor a muerto.
Traté de salir del callejón, pero sabía que ya era demasiado tarde. Él estaba taponando la salida. Miré a mi alrededor, aterrorizada, buscando algo que pudiera servirme de defensa. Nada.
Bueno, al menos no era minusválida.
El zombie se acercó a mí, ladeando la cabeza de un lado a otro. Pude apreciar que su piel pútrida, por la zona de la garganta, estaba abierta en canal. Le podía ver las venas, madre mía. Si antes no estaba lo suficientemente mareada...
-¡Espera! ¿Por qué quieres matarme?
-Ya no te importa -gruñó-. Estarás muerta.
Y rompió a reír con una terrible especie de cadencia repetitiva y ronca. Me aparté un paso más de él. Ahora estaba contra la pared. Genial.
-Eso es razón de más para contármelo. Venga, no me negarás mi última voluntad -supliqué.
El zombie se detuvo. Pareció considerarlo. Sentí que había dado en el clavo; hablando le distraería, ganando así más tiempo.
-No-no lo sé. Mi amo se-se enfadaría -parecía que le costaba hilar palabras 'fuera del programa'.
-Tu amo jamás lo sabrá. A propósito, ¿quién es?
El zombie me lanzó una mirada incendiaria.
-Eso n-no -alzó el brazo y me cogió por el cuello, aprentando más y más. No podía escapar. Sentía su piel pútrida contra la mía, quemándome y ahogándome.
-¿Por qué?
-Tú debes morir.
Pataleé con todas mis fuerzas, tratando de librarme del zombie. Incluso traté de morderle, pero no lo conseguí. Como último recurso, le agarré del brazo y tiré con todas mis fuerzas.
Lo bueno es que funcionó, porque pude respirar por fin. Lo malo es que me quedé con el brazo en las manos, y en un reflejo, lo lancé lejos de mí, asqueada. El zombie rugió y me cogió con el izquierdo, y vi cómo los dedos del brazo arrancado se retorcían y arrastraban el brazo de vuelta hacia nosotros.
Empecé a lanzar puñetazos furiosos hacia el zombie. ¿Sería capaz de desmontarlo literalmente? Quizá me diera tiempo de salir corriendo mientras los miembros volvían a unirse.
Pero, cuando mi puño se hundió en su pútrido pecho, sin hacerle ningún tipo de daño, perdí toda esperanza. El zombie volvió a ahogarme y ahora su brazo independiente me sujetaba un pie, con el que casi me tropiezo. No tenía escapatoria. Tenía una necesidad inmensa de respirar, pero su mano en mi cuello no me lo permitía. Me hacía mucho daño, y me empezaban a pitar los oídos.
Cerré los ojos, aguardando la muerte.
Entonces, se oyó el filo de un arma cortar el aire, y luego un ruido sordo contra el suelo. No abrí los ojos para comprobar qué había pasado; lo único que me importaba era que al fin podía respirar. El zombie me había soltado. Caí de rodillas, tosiendo y cubriéndome el cuello con las manos. Por un terrible instante, pensé que no iba a recuperar nunca la respiración; pero entonces escuché una voz serena y cercana que me dijo:
-Respira hondo y tranquilízate.
Y eso hice. Me serené y traté de respirar de una, no como los agitados intentos infructuosos anteriores. Sirvió. Por fin, sentí el aire en mis pulmones. Me apoyé en la pared y respiré un par de veces, reponiéndome. Luego abrí los ojos.
Allí estaba él. Mi salvador. Era un joven, de unos diecisiete años, de ojos azules penetrantes y de pelo negro azabache. Llevaba una daga en la mano, de un material casi del mismo tono que sus ojos. Era extraño, y tenía aspecto de ser peligroso, pero me acababa de salvar, ¿no?
-Gracias -susurré, confundida. ¿Por qué lo había hecho? ¿Qué era esa daga? ¿Cómo sabía cómo matar a un zombie?
-De nada, aunque sólo lo he aplazado un poco más -me dijo-. Levanta. Ahora eres mía. Ése estúpido zombie casi acaba contigo -sacudió la cabeza, como si no pudiera creérselo.
-¿Cómo que tuya? ¿Qué estás diciendo? -gruñí. Quizá no era tan bueno.
-Lo que oyes. ¿Vienes tú solita o tengo que obligarte?
LOL, vale... tiene que aprender a no fiarse ni de su sombra
ResponderEliminarOkey :)
EliminarGracias por comentar, al menos me he acordado de seguir la historia -.- entre examen y examen podré escribir un par de frases :)