Toda la clase estaba en silencio. Mis compañeros se afanaban en el examen, y la profesora leía lenta y concienzudamente algún tipo de ejercicio de otra clase. No se oía ni el zumbido de una mosca.
Estresada, dejé el bolígrafo sobre la mesa y aparté el examen. Todo me sonaba a chino mandarino. Con todo el lío del trabajo de Halloween, se me había olvidado que hoy tenía un examen de Matemáticas.
Me apoyé en el radiador (por suerte, tenía el único sitio al lado del radiador) y miré por la ventana. Aquel día había sido un completo desastre. Aún no se le había pasado el susto de la persecución de la mañana, y sospechaba que tardaría mucho en hacerlo. ¿Qué demonios era ése chico? Humano no, desde luego. Jamás olvidaría ésos ojos, esa forma de avanzar y de ladear la cabeza... Tenía los pelos de punta. Aquello no podía estar pasando.
'Cálmate, Alissa. Estás haciendo una montaña de un grano de arena', me dije a mí misma. Todo tendría una explicación racional. Los zombies no existían, no era posible.
Quizá... quizá el chico tenía un problema en la cara. Quizá una enfermedad, o había sufrido un accidente que lo había deformado de aquella forma. A lo mejor sólo intentaba comunicarse conmigo... ¿pero qué demonios hacía persiguiéndome bajo la lluvia con aquella espeluznante sonrisa? Tenía suerte de que no le hubiera pegado una buena patada. No sería la primera vez que se la propinaba a un acosador en potencia, pensé, recordando a Derek, aquel estúpido chico que me perseguía el año pasado.
Pero el chico de esta mañana no tenía nada que ver con Derek. Por más que quisiera, no podía creerme que fuera humano.
De pronto, me fijé en algo. En el edificio de enfrente, el complejo de 16 pisos que prácticamente obstruía todas las demás vistas desde la ventana de clase. Allí, en el techo... había alguien.
'Cálmate. Es normal que haya técnicos arreglando cosas a éstas horas', me dije. Aunque la verdad era que el sujeto estaba de pie, oteando el horizonte, y no trabajando como debería.
'Estará descansando'.
¿Pero y si no fuese un trabajador?
'No seas ridícula. Lo estás llevando todo a un extremo'.
Me pareció que el trabajador tenía los ojos fijos en mi. Algo se revolvió en mis entrañas.
'No me está mirando. Es un efecto óptico. Probablemente esté admirando el instituto, o algo así'.
El trabajador ladeó la cabeza.
Tuve que contenerme para no gritar. ¡Era él! Era el zombie, el que me había perseguido aquella mañana. Oh, dios mío, me estaba mirando a mi. No había duda; me había localizado de nuevo.
Me estaba esperando hasta que saliera del instituto.
El corazón me latía a cien. Sentía que me iba a dar una crisis nerviosa si no salía de clase.
-Profesora, ¿puedo salir de clase? -dije atropelladamente. La bruja de matemáticas alzó la cabeza, me echó un vistazo y negó con la cabeza. Me balanceé en el asiento, sin ser capaz de desviar la vista del ser que me observaba desde la azotea del edificio de enfrente. ¿Estaba sonriendo de nuevo?
-Por favor, me encuentro muy mal -susurré.
-Estamos en un examen.
Esperé un instante más, y finalmente aparté la mesa y salí corriendo de clase. Me dirigí al baño, angustiada. Me lavé la cara una, dos, tres veces. El horror no desaparecía. ¿En qué lío estaba metida? ¿Quién era y por qué me perseguía aquél hombre? ¿Jamás iba a librarme de él? ¿Me quería hacer daño?
'Ni siquiera tendría que existir', me dije, temerosa.
Me di cuenta de que había una ventana en la esquina superior. Probablemente, desde allí también se vería el techo del edificio.
El monstruo no podía saber que yo estaba mirando por otra ventana. Me atreví a subirme encima de la tapa del váter, y a asomarme a la ventana.
Exacto. El edificio se veía perfectamente.
Pero no había nadie en la azotea.
Tendría que haberme alegrado, pero por alguna razón, éso me asustó aún más. ¿Se había ido a la vez que yo? Prefería poder verle que sospechar de su presencia todo el rato.
Atisbé un poco más, pero no le encontré en ninguna de las otras azoteas. Normal, a nadie le da tiempo a bajar de una y subir a otra en tan poco tiempo. Debía de estar todavía por la calle, pero no podía ver el suelo desde la ventana. Estaba demasiado alta.
Esperé un poco más, para asegurarme de que no subía a ningún otro edificio. Cuando ya tenía las articulaciones atrofiadas, me bajé del baño, y miré la hora. Quedaban 13 minutos para el recreo. Ya no merecía la pena volver a entrar en clase, de modo que revoloteé por los pasillos, parándome a mirar por cada ventana. No volví a ver al zombie.
Unos minutos antes de que sonara la campana, oí el timbre de la puerta de entrada. Me volví, atenta. ¿Quién venía a estas horas? Todos los profesores deberían estar en sus clases, y lo más normal era que se marcharan fuera a fumar a la hora del recreo... no que entrara alguien.
Oí los pasos lentos del conserje de nuevo. Me aventuré unos peldaños abajo de las escaleras, temiendo que me viera. No estaba permitido bajar al piso de abajo durante las clases, si es que te echaban de clase. Era el territorio de los profesores, con sus despachos y la garita del conserje.
Pude ver al aburrido conserje atisbando fuera. La niebla había empapado la ventana, de modo que limpió la humedad para ver quién llamaba.
Era él de nuevo.
Ésta vez sí que grité, pero creo que nadie me oyó porque a la vez el conserje soltó una exclamación inadecuada para estar en el instituto. Dio un salto atrás y miró de hito en hito al zombie que estaba plantado a las puertas del instituto. Después, con inseguridad y miedo, entró corriendo en la sala de profesores. No me vio.
Sabía que era cuestión de segundos que salieran todos a ver qué pasaba, y no pensaba dejar que me vieran; pero quería asegurarme de que no abrieran la puerta. De modo que bajé saltando los escalones de dos en dos y me escondí tras un gran panel de actividades con ruedas. Nadie se fijaría en mis botas, esperaba, que sobresalían por debajo de la madera.
Oí voces exaltadas. Por lo que pude entender, el conserje dijo algo de que sucedía otra vez. Oí risas y burlas, pero una voz tranquila y seria impuso silencio. Sabía perfectamente quién había dicho aquello.
Mi tutor. El mismo que me mandó el trabajo de Halloween.
Pronto, éste salió rápidamente de la sala de profesores, tras murmurar algo como 'esperad aquí'.
Desde mi posición, pude ver cómo se acercaba a la puerta y golpeaba el cristal, justo donde se encontraba la cara del zombie, que seguía allí. Con un escalofrío, me di cuenta de que éste no me quitaba ojo de encima. Me había visto cruzar el pasillo como una exhalación y esconderme. Sabía dónde estaba.
Mi tutor volvió a golpear el cristal, con algo parecido a la impaciencia, y el zombie acabó por marcharse. La bruma lo engulló, pero, ¿qué nos aseguraba que no se encontraba a dos metros esperándonos?
El profesor volvió a la sala de profesores y le oí asegurar que no había nadie en la puerta. Después de preguntarle al conserje que si tomaba algún tipo de pastillas, se marchó, satisfecho. El conserje volvió a su garito e hizo sonar la sirena. Enseguida bajó todo el mundo y pude mezclarme con la marea para salir al patio. Una vez fuera, me senté en una esquina, sobre una pila de vigas azules que en teoría estaban destinadas a la construcción de un ala nueva del instituto para ciencias, pero que habían quedado relegadas al olvido en nuestro patio. Me apoyé en la pared y traté de tranquilizarme. Vale, mi tutor había mentido a los demás profesores, y además parecía que el extraño ser le obedecía. Pero al fin y al cabo, había conseguido que se fuera, ¿no?
¿Qué era todo aquello? ¿Qué estaba pasando conmigo?
Todas estas cosas... eran cosas de películas y novelas fantásticas. No deberían estar pasando. Estaba asustada. No quería que mi vida se volviera así, para siempre...
'Hoy sólo ha sido un día extraño. Mañana todo volverá a ser normal...' no pude ni terminar de pensarlo, cuando sentí un resoplar a mis espaldas. Con el peor de los presentimientos del mundo, me volví, y allí, al otro lado de la valla, a pocos centímetros de mí, se encontraba de nuevo el puto zombie.
Salté lejos de las vigas. Parecía que nadie más se había percatado de su presencia. ¿Podían siquiera verlo?
'Claro que sí. El conserje y mi tutor lo vieron'.
¿Entonces por qué nadie gritaba?
Pronto reparé en que el zombie no era visible desde el resto del patio. Solo yo, desde la esquina, podía verlo. Además, la niebla lo inundaba todo y no había nadie lo suficientemente cerca como para fijarse en él.
-¿Quién eres? -susurré, consciente de su espantosa sonrisa. ¿Eso de los labios era sangre? Oh, dios, me estaba cagando del miedo.
Su sonrisa solo se acentuó más.
-He venido a matarte.
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