Ya no sabía ni qué día era, por no hablar de la hora. Intuí que llevábamos en aquella habitación polvorienta bastante tiempo, por el rugir de mis tripas y por lo seca que tenía la boca. Liam se había quedado dormido a mi lado, pero yo me moría de sed y necesitaba reponerme del brutal ataque a mis reservas de glóbulos rojos de ayer (o de cuando fuera). Así que me levanté con sigilo, para no despertarlo. Ya en pie, le vi tan indefenso ahí dormido que me quité su chaqueta y se la puse por encima, tapándole lo mejor que pude. Luego, me dirigí hacia la puerta y la intenté abrir. Estaba cerrada, por supuesto.
Di un par de golpes secos, rezando por no despertar a Liam. Me había advertido que era mejor no cabrear a un vampiro, pero, si no llamaba su atención, ¿cómo íbamos a sobrevivir Liam y yo sin comer? Tenía que ser fuerte.
Y la verdad es que estaba cagada de miedo. Una enorme parte de mí ansiaba correr hacia Liam y acurrucarme en sus brazos, y dejar que él hiciera todo el trabajo y que se interpusiera entre mí y el peligro. Pero sabía que era una estupidez, que Liam no era invencible y que no podría soportarlo si le pasara algo. Y por eso sabía que tenía que ser yo la que diera la cara, porque a mí no me podrían matar. Me querían entregar viva al diablo.
Llamé de nuevo.
-Eh, chupasangre. Sé que puedes oírme -murmuré. En realidad, no tenía la más mínima idea de si me podría escuchar o no, pero valía la pena intentarlo-. Si pretendes encerrarnos aquí dentro, al menos tienes que darnos de comer. Somos h-u-m-a-n-o-s, ¿comprendes? No sobreviviremos mucho tiempo sin sustento.
Aguardé unos instantes, y ningún sonido llegó hasta mi. Pero los vampiros eran totalmente sigilosos, ¿qué me decía que ése vampiro no se encontraba allí mismo, a pocos centímetros de mí con sólo una puerta en medio? Me estremecí al imaginármelo tan cerca. Tan silencioso. Tan acechante.
-Tienes que abrirme. Tengo un trato.
Hubo un momento más de silencio, y entonces, la puerta emitió un chasquido. Lo habría oído mil veces. Era el sonido que hacía una cerradura al cerrarse. O al abrirse.
Giré el pomo con sumo cuidado y la puerta se abrió, en silencio. Fuera, no había nadie. Sólo oscuridad. Respiré hondo, di un paso adelante y la oscuridad me engulló. Cerré la puerta detrás mío y confié en ser capaz de distraer lo suficiente al vampiro como para que no se acordase de cerrarla con llave. Así, al menos Liam podría salir.
Ahora caminaba a oscuras. Me pegué a la pared y tanteé, buscando un interruptor. No encontraba nada. No oía ni un solo ruido, ni siquiera una respiración o un ligero crujido del suelo. Nada.
Pero sabía que no estaba sola.
-¿Hola? -susurré. Estar en la más completa oscuridad, a merced de un vampiro que ya había probado mi sangre y dispuesta a hacer un trato con él que no me beneficiaría para nada no entraba en mi lista de tareas de año nuevo. Pero era lo que había. La vida nunca te da lo que quieres.
De pronto, palpé algo frío y duro cerca de mí. Ahogué un grito al comprobar que era una mano. ¡La mano de un cadáver!
-¿Cuál es el trato? -susurró él. Por un lado, sentí alivio al saber que no era un cadáver muerto, sino uno vivo el que había rozado. Por otro lado, me aterró estar cara a cara con el vampiro.
-Primero, enciende la luz.
De nuevo no le vi moverse, pero la luz se encendió sola. Ya me sentía más segura. Con luz, estaba en mi territorio. Aunque, de todas formas, el vampiro me podía cazar en un microsegundo si intentaba huir.
Pero no pensaba hacerlo.
-Sé lo que quieres de mí. Quieres la recompensa que ofrece el diablo por entregarme viva.
-También ofrece una por entregarte muerta.
Un escalofrío me recorrió la médula.
-Pero te conviene más llevarme viva. Él quiere averiguar cuál es mi potencial, ¿verdad? Quiere investigar. Quiere saber si soy yo la de la profecía o si no merece la pena molestarse. Por éso me prefiere viva. Y pagará mejor.
-No es dinero lo que busco, niña tonta.
-Jamás lo he dicho. Pero quiero hacer un trato contigo.
-Te escucho -clavó sus ojos en mí, con interés, con avidez. Mi instinto me gritó que corriese, pero me obligué a hablar firme.
-Si... si dejas salir a Liam ileso de aquí, si dejas que se vaya, entonces no opondré resistencia a que me lleves ante el diablo. Te diré todo lo que sé, sin ocultarte nada. Pero tengo que ver a Liam marcharse vivo con mis propios ojos.
El vampiro me observó un instante más y rompió en sonoras carcajadas. Eran escalofriantes, porque tenían un timbre tan agudo que sonaban antinaturales.
-¿Y qué te hace creer, humana, que me interesa hacer un trato tan estúpido contigo? No puedes huir de mi. ¿Por qué preocuparme? -continuó riéndose de mí, y temí que el eco despertara a Liam-. No, pequeña. Tengo otros planes para ti y para tu amiguito. Vaya si tengo otros planes. ¡Nerea!
Hubo un silencio, solo roto por las carcajadas del pirado del vampiro. Me abracé a mí misma.
-Jamás te dejaré llevarme ante el diablo. Si dejas libre a Liam, haré lo que tú quieras.
-No estás en condición de negociar, pequeña. ¡Nerea! Tienes un invitado.
-Ya voy, querrido -Nerea tenía acento francés. Me parecía ridículo y a la vez terrorífico. Aquellos dos vampiros estaban idos de la cabeza, lo supe en cuanto los vi. Nerea se acercó, con andares muy finos, y le plantó un beso en la boca al vampiro con el que intentaba hacer tratos. Se siguieron liando un poco más, conmigo incómoda sopesando la idea de coger a Liam y largarme de ahí. Pero debieron de leerme la mente, porque ambos se volvieron hacia mí, con ojos ansiosos.
-Ah, sí, tu amiguito. Dime, ¿cuántos años tienes? -la pelirroja me cogió por la barbilla y me alzó la cabeza, para mirarme mejor. Todo lo hacía con ademanes de estirada. No podía ponerme más de los nervios.
-¿Cuántos años tienes tú? Tienes que darme el número de tu cirujano -le espeté. Me zafé de sus manos, pero ella me cruzó la cara con un bofetón que me lanzó al suelo y se volvió hacia el vampiro-. Iago, toda tuya. Espero que el otro sea más... ya sabes, sabroso.
Acto seguido entró en el almacén donde estaba Liam durmiendo.
-¡No, Liam! ¡Liam! -chillé, mientras Iago me cogía del brazo y tiraba de mí por el pasillo-. ¡Liam, cuidado!
Mis gritos se perdieron en la lejanía. De pronto, estábamos en otro lugar. Seguía siendo la fábrica de piscinas, porque las paredes estaban pintadas del mismo azul agrietado, pero éste lugar tenía un sofá de cuero nuevísimo y unos grandes ventanales cerrados con sendas persianas.
-Estás loco.
Él no dijo nada. Sólo me empujó sobre el sofá y se me tiró encima, buscando mi cuello con sus terribles dientes. Me revolví, pero solo conseguí hacerme más daño. Me mareaba al pensar en el revoltijo de carne que debía de ser mi cuello ahora mismo, pero al parecer al vampiro le gustaba, porque chupaba más y más y yo sentía cómo las fuerzas me abandonaban.
La mente se me iba y notaba cómo me desfallecía. "Otra vez no, por favor". Sabía que, si me desmayaba ahora, cuando despertara estaría muy lejos. Quizá en manos del diablo, quizá Iago aún me tuviera retenida. Pero Liam ya estaría muy lejos.
En un último acto de rebelión, agarré al vampiro del pelo y tiré hacia atrás, pero los brazos me fallaban. Por encima del hombro de Iago, me observé la mano, horrorizada. Estaba pálida y delgada. Nunca me había visto así de demacrada. Me preguntaba cómo estaría mi rostro en aquel momento.
Justo entonces, cuando la oscuridad comenzaba a nublarme la vista de nuevo, alcancé a ver a Liam detrás del vampiro. ¡Liam estaba allí! Él me hizo una señal de silencio y yo traté por todos los medios de que Iago no se diera cuenta. Un segundo después, Liam le clavó su daga en la espalda, justo en el corazón. El vampiro alzó la cabeza, sorprendido, y emitió un gruñido gutural. Después, se desplomó encima de mí.
Liam enseguida me ayudó a quitarme el muerto de encima, nunca mejor dicho. Menos mal, porque yo estaba tan débil que no podría ni haber levantado una mariposa en aquel momento. Cuando me ayudó a levantarme, me di cuenta de que tenía la camisa dorada totalmente manchada de sangre. Reprimí una arcada y me senté en el sofá, preguntándome si el charco rojo a mi lado era mío o del vampiro. Liam desapareció un instante y volvió con una sábana de las que cubrían las cajas. Rasgó un pedazo y me limpió el cuello, y me lo vendó con precisión. Me dolía mucho, pero podía esperar.
-¿Estás mejor? -me dijo, mientras me acariciaba una mejilla.
Asentí débilmente, cerrando los ojos e intentando no pensar en que estaba cubierta de sangre.
-¿Quieres cambiarte? Mi camiseta no sirve de mucho, pero puedo darte la chaqueta -me tendió su chupa de cuero negra. Agradecida, la tomé, me di la vuelta y me quité la camiseta. En otras circunstancias, hubiera llamado a Liam de todo por no irse de la habitación, pero ahora sólo quería que él estuviera a mi lado. Además, ¿qué era verme en sujetador comparado con lo que acababa de pasar? Me puse su chupa y me abroché, y en cuanto lo hube hecho, Liam subió las persianas y la luz del sol a pleno día nos deslumbró a los dos.
-¡Madre mía!
-Pero, ¿cuánto tiempo llevamos aquí dentro? -murmuré, levantándome para mirar por la ventana. Enseguida me mareé y me tuve que sentar.
-Tú quieta ahí. Tenemos que llevarte al hospital. Ahora sólo... déjame encargarme de esconder los muertos.
Odiaba quedarme allí sentada mirando mientras Liam arrastraba el cadáver de Iago hacia las cajas que había apiladas contra la pared. Sacó una, grande y larga, y entonces me di cuenta de que era un ataúd. ¡Un ataúd!
-Liam, ¿cómo...? -dije.
-Duermen aquí. Se ve que esta era su habitación.
-No me refería a éso. ¿Cómo conseguiste escapar de la otra?
Liam abrió el ataúd y metió el cadáver dentro. Después, empujó el féretro contra la pared y lo cubrió con una manta.
Parecía un par de cajas más.
Pobre del que revisara aquello.
-La daga estaba en la chaqueta. Me salvaste la vida.
Me empecé a reír, de lo ridícula que era la situación. Él me había salvado primero, cuando el zombie estuvo a punto de matarme. Después, me había salvado de una infección que me hubiera convertido en zombie. Más tarde, me volvió a salvar de caminar sin rumbo por el desierto con cuatro zombies acechándome. Y ahora, tras matar al vampiro que amenazaba con desangrarme, me dice que le salvé la vida. ¡Y todo lo que hice fue ponerle un abrigo encima!
Se acercó hasta mí, me puso un mechón de pelo detrás de la oreja y se disculpó. Tenía que ir a esconder el otro cadáver.
Quiero un pov Liam a ver que ha pasado ahi ehh!! LOL <3
ResponderEliminar¿Que? Bueno, es que se me olvido ponerlo asi que da igual.
Eliminar:(
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