miércoles, 26 de octubre de 2011

Cap. 1: El trabajo espeluznante

Con un suspiro, me arrellané en el sillón y, con un clic, encendí el ordenador. Mientras se cargaba, fui haciendo la portada; escribí con letras grandes HALLOWEEN y dibujé una gran calabaza malévola debajo. Después, lo coloreé todo y puse mi nombre y curso debajo. Alissa Jones, 3ºA.
Una vez hecha la portada, la dejé encima de la mesa y abrí Internet. Tecleé "historia de Halloween" en el buscador y pinché en el enlace que me pareció más interesante. Cuando se abrió la página, apareció un blog de fondo negro con llamaradas rojas y naranjas; en el centro, escrito con letras bellas y antiguas, ponía:
Índice de contenidos:
· El mito de Halloween
· Modos de burlar a los muertos en Samhain o la noche de las brujas.
· Símbolos y personajes asociados a Halloween.
Pinché en el primero. Leí el texto entero, y después comencé a copiar en la primera hoja:
Halloween es una fiesta celta. En aquellos tiempos se llamaba Samhain o la noche de las brujas. Los antiguos celtas pensaban que en Samhain (el último día del año en su calendario, el 31 de octubre en el nuestro), los muertos se levantaban de sus tumbas y escapaban de los cementerios, para ir a los vivos y poseerles, y así volver a la vida. También les pedían alimentos, y si éstos no se los daban, les maldecían [lo que hoy en día se llama Truco o Trato]. 
Los satanistas, ocultistas y adoradores del diablo consideran éste día la víspera del año nuevo para la brujería, y que sus poderes están al máximo éste día. 
Me estremecí. La verdad es que Halloween jamás me había gustado; todos aquellos niños disfrazados de muertos y asesinos y payasos malvados y vampiros y fantasmas... sin darse cuenta de que formaban parte de algo mucho más grande. Mucho más importante. Los niños se disfrazaban porque era divertido, pero aquellas cosas que representaban... no eran buenas.
Yo siempre me había sentido incómoda viendo pasar a los niños disfrazados en Halloween. Como si alli hubiera alguien que no era un niño. Ni un humano. Ni un vivo.
Sacudí la cabeza y pinché en el segundo enlace: Modos de burlar a los muertos en Samhain o la noche de las brujas.
Me mordí el labio inferior y comencé a copiar:
Para evitar que los muertos vivientes les encontraran, los celtas transformaban su casa en Samhain. La decoraban con motivos fantasmales y las llenaban de huesos y calaveras... Además, se disfrazaban de monstruos, muertos y brujas para pasar desapercibidos entre los verdaderos. Solo así se aseguraban de que no les maldijeran o les poseyeran... 
Eché un vistazo a los símbolos y personajes de Halloween, pero no era nada del otro mundo. Calabazas, murciélagos, gatos negros... y tampoco faltaban los fantasmas y el clásico de la bruja.
Escribí un par de cosas más, apuntes y anotaciones sobre antiguas leyendas celtas que ocurrieron en Halloween, imprimí, recorté y pegué algunas fotos e hice una síntesis sobre el impacto del antiguo Halloween hoy en día; aún se conserva el truco o trato y los niños se disfrazan de monstruos. En cierto modo, Halloween ahora es algo alegre, en vez de el terrorífico día que debía de ser para los celtas.
Una vez estuve satisfecha con el trabajo, apagué el ordenador y me fui a la cama. Eran sobre las dos y media de la mañana y no me podía creer que estuviera levantada haciendo deberes... pero el tutor me había dicho que no pasaría de curso si no le hacía un trabajo sobre Halloween, y yo quería pasar de curso sí o sí, porque en cuanto cumpliera los dieciocho pensaba largarme de mi ciudad e ir a vivir a cualquier otro país. Me daba igual. O a otro barrio muy, muy lejano.
El caso era que yo jamás querría vivir allí donde vivía ahora. Lo odiaba.
Apagué la luz y empecé a pensar en Halloween. ¿Por qué casi todas las tribus antiguas pensaban en la reencarnación o la vida después de la muerte? ¿Era posible que fuera una casualidad o... estaba basado en algo de verdad?

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